Anacrónico. Un diario en papel, entregado la mayoría de las veces en mano. Palabras escritas que se charlan cara a cara y que hablan de cosas que hoy parecen imposibles, como el objetivo final del comunismo anárquico. Que sigue hablando de solidaridad, acción directa, y no se enrosca demasiado en definiciones porque sigue viendo explotadores y explotados/as. Quizás estemos frente a una nueva definición de una corriente dentro del pequeño mundo anarquista. El “anarco anacronismo”, una tendencia que envía encomiendas, que reparte su diario en manifestaciones o hace cientos de kilómetros para estrechar la mano y dejar un paquete de prensas que dentro de un tiempo no se podrán leer por efecto del clima.

Es que por momentos, los tiempos que corren parecen no dejar lugar a nada más que no sea ser parte de un grupo muy numeroso que se expresa en las redes informáticas sobre quien ganará elecciones, que tan legal es una medida estatal o expresa su radicalidad con memes. La construcción de un “nosotros/as” por cuestiones identitarias y un lenguaje en común simplemente no nos alcanza.

No todo tiempo pasado fue mejor, así como tampoco “lo nuevo” es bueno solo por eso, pero el papel tiene lo suyo. Mientras dure su calidad se puede pasar de mano en mano, volver a leer, o ser la excusa para parar la pelota un toque y dedicarse solo a la lectura. No somos coleccionistas de vinilos ni negadores de la tecnología, solo creemos que algunas cosas no dejan de ser útiles por viejas o que todo debe reducirse a pocas palabras porque el lector no tiene tiempo.

Seguimos viendo que, con muchos matices, el problema es el mismo y que intentar recomponer o seguir apostando a cambiar las relaciones humanas es indispensable.

Tenemos apuro, claro. Pero también tenemos un puñado de principios y convicciones. Sabemos que los tiempos electorales abren la oportunidad de hacer política, y con algunas acciones y el lenguaje adecuado se puede tener algún éxito en cuanto a la visibilidad. No es nuestro objetivo, no vamos a decir que si se va tal gobierno y viene otro vamos a estar mejor, ni usar las palabras revolucionarias de moda. No nos vamos a subir a ningún caballo de esos, por qué a caballo de la política, viene la policía montada.

Encaramos el número 10 de Anarquista, justo antes de las elecciones presidenciales y con una economía que todo el tiempo aprieta. La política se tira con números, de desocupados, de hambre, de “mercados” y parecen competir para ver quién puede apaciguar más los ánimos de los que estamos pasándola cada vez peor. Es casi imposible hablar de otra cosa cuando queremos tener una mirada sobre “la realidad”, pero podemos intentar entender lo que está pasando y lo que ya paso acá y en otros lados, para seguir caminando.

Agradecemos a los/as compañeros/ as que siguen dando una mano y colaborando de una u otra forma con esta prensa de una punta a la otra del país. Esperamos verlos/as, junto a los/as lectores que tengan ganas en la próxima reunión abierta del periódico, para charlar cara a cara. Para seguir pareciendo anacrónicos.