Hace solo un año y medio Pagina12 publicaba una nota titulada “Bullrich sigue persiguiendo tuiteros”. En esta nota se mencionaba una causa judicial iniciada a una persona que había empatizado con otra que había sido detenida por twittear una pegajosa canción de cancha que decía “Macri te vamos a matar, no te va a salvar ni la Federal”. La pregunta que hacia quién se solidarizaba de alguna forma con el detenido era: “¿nos meterán presos a todos?”.

“Todas las fuerzas, incluyendo la Gendarmería realizan lo que se llama ciber-patrullaje. […] El patrullaje en las redes sociales para detectar el humor social y sobre todo detectar las zonas donde esto es preponderante, esto nos ha permitido trabajar sobre alertas tempranas para prevenir diversas cuestiones.”

“El ciber-patrullaje no es ciber-espionaje, es ciber-patrullaje, eso quiere decir que lo que se hace es un rastreo por lo que es publico en las redes. Ustedes saben que sino no usaríamos las redes, si no fueran publicas. Twitter, Facebook, Instagram tienen muchísimas cuentas que tienen una faceta publica y otra que es privada. Las fuerzas federales solo acceden a lo que es público y eso permite anticiparse a una dimensión del humor social… no todo, yo soy antropóloga en social así que tengo muy claro que con el ciber-patrullaje hacemos poco, pero hacemos algo y siempre algo es mejor que nada.”

De esta forma hace casi dos meses la Ministra de Seguridad, Sabina Frederic mencionaba, en una informe ante Diputados, este tipo de trabajo de inteligencia por parte de las fuerzas federales. El contexto de sus palabras era sobre supuestas amenazas en redes sociales de posibles saqueos. Mas adelante reconocería que ”‘medir el humor social’ no fue la mejor frase” mientras algunos propios y muchos ajenos criticaban este tipo de medidas, en uno de esos giros cínicos a los que el 2020 nos tiene acostumbrados su predecesora Patricia Bullrich hacia su descargo en las redes sociales: “¿Qué código establece que el humor social es delito? Eso se llama espionaje y es un gravísimo delito”.

En Diciembre de 2016 Bullrich, la anterior Ministra de Seguridad, declaraba “estamos haciendo lo que se llama el ciber-patrullaje y estamos detectando grupos que quieren llamar a una ‘agitación’ y se lo vamos a presentar a la justicia” refiriéndose a la investigación en redes sociales para prever conflictos en el final del año. Por mas que alguna gente se halla desayunado el concepto de espionaje sobre perfiles públicos en estos últimos meses esto no es nuevo ni tampoco una exclusividad argentina.

Este tipo de prácticas son conocidas bajo la sigla OSINT (Open Source Intelligence) y preceden a la internet y las redes sociales, en su forma básica es la simple recolección de información destinada a la inteligencia de uno o varios objetivos de fuentes públicas, en su primer momento los Estados podían recopilar información de señales radiales, revistas, diarios, etc., de otros países. Con el advenimiento de internet se sumarían los blogs, foros, grupos de emails, hasta llegar a la panacea que hoy presentan las redes sociales donde miles de millones de personas brindan su información personal, sus pensamientos, amistades, círculos y afinidades, etc. de forma abierta y democrática para que cualquiera pueda recolectar, analizar y accionar en su contra si la situación lo requiere.

”Todos somos buenos, pero cuando nos controlan y nos vigilan, somos mejores”. Cristina Kirchner (parafraseando al General)

Es importante entender que existen dos procesos siempre en curso, uno es la recolección de la información, que por si misma no sirve de nada, y el otro es el análisis y procesamiento de la misma. La inteligencia deriva de la información. El “humor social” al que se refiere la Ministra deriva del trabajo de inteligencia, es decir del procesamiento de datos en función de un objetivo concreto.

Desde el Ministerio se lo quiere hacer ver como si fuese un policía paseando por Facebook a ver si se encuentra con un “delito” de casualidad, pero este es un trabajo metódico donde se va a la búsqueda de un objetivo, ya sea un posible saqueo, que zonas tienen mas “escraches” de personas que no cumplieron el aislamiento obligatorio, o revisar las redes sociales y las conversaciones de quienes llaman a la “agitación”. Seguramente de lo ultimo han podido llenar bastantes hojas de los archivos titulados “Anarquistas” que encontraron en la AFI.

La polémica sobre el ciber-patrullaje duro poco tiempo, mucho menos de lo que se instalaba en algunos medios la persecución a tuiteros durante el anterior gobierno. Pero como ahora vivimos en democracia Frederic entendió que era el momento justo de “transparentar el uso de esta herramienta”, no sea cuestión que la puedan acusar de espionaje ilegal en el futuro (como con el ciber-patrullaje de periodistas previo al G20 durante la administración anterior).

La reglamentación establece que “las tareas que realizan los cuerpos policiales y fuerzas de seguridad en cumplimiento de su función preventora del delito no requieren autorización judicial” y que “tampoco la realización de tareas de inteligencia requiere autorización judicial”.

Mucho de la reglamentación se va en tratar de darle un marco de lucha contra la pandemia, con aclaraciones que no habría persecución política y hasta serviría para monitorear la violencia con motivos de genero, pero como siempre los objetivos a investigar son lo suficientemente laxos como para empezar a preguntarse “¿nos meterán presos a todos?”.