“Mi concepto de la huelga en el futuro no es una paralización que a su fin la gente se vaya a su casa volviendo a sus hogares hambrientos, sino una huelga en que todos se mantendrán de paro y tomarán los medios de producción necesarios para sí.” Lucy Parsons.

Un traidor no es cualquiera que actúe contra nosotros. Para poder traicionar, antes tuvo que haber una relación de lealtad, una pertenencia común, una causa compartida. Cuando alguien actúa siempre de la misma forma, cuando ocupa siempre el mismo lugar o responde a los mismos intereses, es un poco ridículo hablar de traición.

La dirigencia actual de la CGT no traicionó a nadie. Es parte de una continuidad histórica de complicidad con los diferentes gobiernos. Esta dirigencia es tan ajena a la clase trabajadora como la mayoría de las anteriores. Son, simplemente, elementos serviles al capital. Instrumentos necesarios para la expoliación de los oprimidos.

Cada vez que la CGT negocia con el gobierno de turno para favorecer sus arcas y sus estructuras de poder se reacciona como si ese no fuera el comportamiento natural de la central obrera. Su objetivo principal no es la defensa de los trabajadores, sino la administración de la bronca para servir a sus propios intereses.

“Nosotros hablamos con la CGT y les dejamos la cuota sindical para las obras sociales.” Patricia Bullrich. Senadora Nacional.

Mientras el gobierno impulsaba la ley de modernización laboral, la conducción cegetista negoció cambios concretos con el oficialismo. No cambios que pudiesen afectar a las partes más problemáticas de la reforma, sino los que les permitiesen preservar los recursos de las obras sociales sindicales y las cuotas solidarias.

La ley fue promulgada el pasado 6 de marzo. Una ley que tiene como objetivo reconfigurar el terreno de la lucha laboral en favor del empleador. Una ley que es parte de un plan más grande que solo puede llevarse a cabo manteniendo a la población en un constante estado de temor a perder su trabajo, que no pueda protestar u organizarse y, por sobre todas las cosas, que no pueda mejorar su salario.

Ante esta reconfiguración de las relaciones laborales, la CGT decidió hacer un paro, sin movilización recién el día que se trataba el proyecto en Diputados. Al tratarse en el Senado, se descartó el paro y se descartó una movilización. Luego de aprobarse el proyecto, la CGT decidió concentrar recién el lunes siguiente, con el proyecto ya aprobado, a Tribunales para presentar una acción de amparo que pide la nulidad e inconstitucionalidad de algunos artículos de la ley. El poder judicial parece haberse convertido en la nueva herramienta de lucha de la clase obrera.

Existe cierta práctica de parte de la militancia peronista que consiste en lamentar lo que llaman traiciones, insultar, hacer ácidos comentarios en redes sociales para luego volver a aceptar a esas mismas personas. Establecen el pragmatismo y la lucha por el poder por encima de cualquier otra consideración. Es por esto que vimos a Scioli como candidato a presidente, a Alberto Fernández en el poder o incluso a un “traidor” como Sergio Massa ser la esperanza contra Milei.

En estos días intentan recuperar al ex candidato a vicepresidente de Mauricio Macri, Miguel Ángel Pichetto. Una persona que viene de votar las leyes que necesitaba Milei desde el inicio de su gobierno bajo el discurso de darle gobernabilidad. Muchos ya se tapan la nariz sabiendo que van a tener que votarlo en las próximas elecciones si así “el movimiento” o la jefa lo dictamina.

La idea de fondo es que si lo que “quiere la gente” es a un personaje de derecha, entonces van y buscan a uno que quepa con ese arquetipo de los focus groups que consultaron para poder ganar el poder. Qué hacer con ese poder después parece ser algo menos importante.

De ejemplos está lleno, desde los que fueron literalmente nazis o fascistas en el pasado a personajes como Sergio Berni, Aníbal Fernández o esa simpatía que le tienen al ex defensor de genocidas Santiago Cúneo. Todo bajo la idea de que en el peronismo “entran todos”. No sería una sorpresa si en el futuro entra, incluso, la vicepresidenta Victoria Villarruel. 

No parece que a Milei lo pueda derrotar la oposición, solo puede hacerlo la debilidad de su plan económico. Por ahora, como gustan decir, todo marcha de acuerdo al plan. Este es un plan de sometimiento. No es otra cosa, no hay nada más que eso. Toda ley, todo decreto, toda medida del gobierno apunta en ese único sentido. 

El sometimiento, con el tiempo, se hace costumbre, cultura. Pasa a ser la norma.

Esta idea generalizada de estar esperando a ver qué dice “la dirigencia”, como si alguien pudiera llegar a solucionar nuestros problemas solo alimenta el plan del gobierno. Es necesario poder imaginar otras formas de entender la realidad social. Explorar otras maneras de poder organizar la vida, no por fuera, sino en contra de todo lo que este mundo tiene para ofrecernos. Tener como horizonte una libertad real, esa que se construye con nuestros pares, con aciertos y errores. Una verdadera comunidad organizada.