Arrancó el año electoral. Los mismos personajes de los últimos 30 años, más alguna joven promesa se venderán casi como en los viejos programas de Tv que nos gritaban ¡llame ya!, y aunque resulte triste, mucha gente comprará, para después buscar la excusa que justifique esa baratija que no sirve para nada y ya lo sabíamos todos pero parecía el mal menor. Porque si algo hay que reconocerle a los dueños del circo, es su capacidad para convencer de que lo peor es no poder elegir algo entre su lista de ofertas, para después decirnos que pusimos mucha expectativa y pedirnos que sigamos remando. La economía del país sigue para atrás, y los miedos aumentan (a la falta de laburo, la inseguridad, el hanta, a las inundaciones, a caer en cana, a las Taser, etc.) por más que ya son viejos conocidos, por más que ya los pasamos.

La historia (la de los libros y la vivida) nos muestra que seguimos siendo una posibilidad. La solidaridad, la acción directa, están ahí y se ponen en práctica cada vez que algo nos mueve de verdad y cuando eso pasa, aunque sea de vez en cuando, todo el circo parece temblar.

Hace un año atrás, decíamos algunas cosas que forman parte de cómo vemos las cosas desde este pequeño grupo editorial. Porque seguimos pensando igual o por cabezas duras, volvemos a decirlo: no tenemos recetas ni verdades reveladas. Sí contamos con ciertos principios o valores que nos ayudan en el análisis de lo que pasa y en las formas que utilizamos para intervenir en el conflicto social.

Sin estar libres nosotros de contradicciones, elegimos poner en tensión ideas que hoy parecen viejas, como el concepto de clase; incluidos y excluidos; solidaridad y otros. Porque si bien somos individuos (o personas, para el caso da lo mismo) nos vemos parados de un lado en esta vida (que no es justamente del lado del patrón, sea de la cultura o el género que sea), y no como parte de una “diversidad de múltiples subjetividades”.

De algunas cosas estamos seguros/as. Ni vemos cambios para bien por mucho globo amarillo que decore, ni creemos en una resistencia con base en Puerto Madero y hoteles de lujo. No somos jóvenes emprendedores ni ciudadanos reclamando supuestos derechos conquistados a fuerza de votos.

Somos parte de los/as que queremos cambiar todo de raíz y de forma definitiva. Esperamos que estas páginas aporten en algo a ese objetivo.