Tiempo de elecciones. De acá hasta octubre o noviembre no van a parar. Estudios de distintas consultoras dirán algo que suene interesante para tratar de pulir los discursos de campaña. Algunos/as de los/as que jugaron a la polarización basados en una supuesta grieta, hoy ven encuestas que sugieren que muchas/as votantes ya se cansaron de ese chamuyo y tratan de formar alianzas electorales que terminen dando la razón a los que apostaban a la “avenida del medio”. Y prácticamente todos los espacios que disputan la presidencia están formados por gente que viene de los partidos tradicionales. Esto da como resultado discursos que no dicen mucho, apelando a un extremo-centro que apesta. Todo sea en nombre de ganar un voto indeciso y no quedar mal con la banca internacional. Ni siquiera la simpática izquierda trostkista apela a discursos encendidos y prefiere apostar al lenguaje inclusivo y mantener algún lugar en el Congreso. Un sector de los/as “progres” (esos que les gustaría ser de izquierda, pero no les da), apelan a lo épico llamando a “les jóvenes” a verificar que figuren en el padrón electoral, tratando de convencerles de que con el voto pueden cambiarlo todo.

Por suerte, y para no aburrirse, siguen participando en la campaña personajes bizarros. Los hay de varios colores y modelos, desde políticos a periodistas, pasando por jueces, fiscales y personajes de la farándula o agentes de inteligencia. Revolcados en un merengue y en un mismo lodo. Falta poco para gozar de la libertad democrática (y cumplir con una obligación) de elegir desde un nazi a un maoísta para presidente y un montón de gente que viene en la parte de abajo de la boleta pero que pocos terminan de leer y saber quién carajo son.

En mayor o menor medida, esto pasa en Argentina cada dos años. No vamos a decir que no nos importa, porque siempre es interesante ver las piruetas de los que tienen o pretenden el Gobierno. Pero preferimos hablar, pensar y actuar mirando otras cosas. Porque nuestros problemas son otros desde hace demasiado tiempo. Queremos decir algunas cosas sobre lo que está pasando en parte del mundo con el rebrote de ciertos fascismos. Hay algo para analizar en que, mientras en la TV nos muestran cómo la policía juega al tiro al blanco con personas, muchos/as jóvenes vean el hecho de pertenecer a las fuerzas de seguridad como una salida posible. Que los que viven de garantizar la explotación, tengan el coraje de decirnos qué es la dignidad o piensen que no tenemos memoria.

A lo largo del mundo se puede ver que cada vez cuesta más enganchar a la gente por largos períodos. Desde dictaduras hasta gobiernos democráticos tienen que lidiar con el descontento social que de un día para otro estalla y hace temblar a más de uno. Las revueltas se dan con diferente intensidad y características, pero ahí están. Si bien no son garantía de nada (o sí; garantía de que estamos vivos) son las que un día puede que no se apaguen y den comienzo a lo que algunos llamamos Revolución Social. No nos quedan tantas fichas, pero seguimos apostando a eso.