Está todo mal.

Una lectura rápida de noticias internacionales nos muestra lo peor del capitalismo, Dios y el Estado. Sudán, Ucrania, Nigeria, Palestina… rebeliones sofocadas con cientos de muertos y las distintas formas de la idea fascista, si no gobierna, asoma por todos lados. Por si hiciera falta, el clima nos recuerda que el capitalismo no es gratis. Nada nuevo, ni siquiera la retórica política. Ser optimista con el devenir mundial, casi que merecería tratamiento con psicofármacos.

Nuestra región, aunque bastante más “tranquila”, no parece estar ajena a lo que pasa en el mundo. En las últimas elecciones, la población que vota, prefirió darle un poco más de crédito al psicópata de turno y sus aliados, cansados del chamuyo y fracaso de todos los anteriores, aun sabiendo (o intuyendo) que lo que viene va a seguir siendo cuesta arriba. Otra vez se habla de reforma laboral, tributaria y jubilatoria, que afectará directamente al cada día menor número de laburantes que están “en blanco” y de manera indirecta al resto.

Bakunin decía que cuando el pueblo es golpeado con un palo, no es mucho más feliz si se le llama “el palo del pueblo”, algo en lo que coincidimos, entendiendo que los tiempos y las formas para expresar el descontento no son las que más nos gusten. También hablaba del Ser Humano como posibilidad y otra vez coincidimos. No es que por arte de magia que algunos se vuelven más individualistas o egoístas y otros se dejan caer en los brazos de la apatía o la resignación. Son respuestas a las condiciones en las que nos toca vivir.

Entre varias de las “cosas” que no es este periódico es ser original, así que sigamos con Bakunin. El compañero ruso hablaba de tres medios para romper con todo esto. Dos ilusorios, el burdel (o la taberna) y la Iglesia. El tercero, la Revolución Social. “Hasta entonces, el pueblo, tomado en masa, creerá, y si no tiene razón para creer, tendrá al menos el derecho”.

Son varios los que, con matices, vieron esto parados en la vereda opuesta. No es casual la apelación a las “fuerzas del cielo”, a desconfiar de los demás, o despreciarlos y creer que todo es mérito propio y del patrón. Tampoco es casualidad el resurgir del nacionalismo católico, cada vez más presente en el discurso opositor, que dice más o menos lo mismo, pero con otro Dios y con patrones argentinos bien nacidos.

Hay algo que, aunque no es nuevo, al menos es explícito (y más en la casa matriz de este gobierno), que es identificar al anarquismo como el peligro a combatir (de la oposición también, pero hoy está en otras cosas). Hay una potencialidad en la idea anarquista que los hace preocuparse. Nos parece bien y vamos a intentar dar más fundamentos a sus temores.

Proponemos, mientras lo intentamos, escapar a la apatía y la resignación que nos muerde los talones. Tratamos de aceptar los tiempos históricos y que las cosas no pasan solo cuando queremos, sin culpar a “la gente” y mucho menos tratar de hacer del anarquismo una “opción aceptable”. 

Entre las “cosas” que es este periódico, seguro está ser cabeza dura. Por suerte, hay más compas en la misma. Siguen saliendo libros, periódicos, propaganda y, de manera visible o no, se intenta estar presente en las luchas. Como siempre, en eso estamos.

Todas las notas