Otro 1 de mayo y el recuerdo de nuestros muertos en la lucha por el fin de la explotación. Para ellos, y para nosotros, la lucha por las 8 horas nunca fue una finalidad. Compañeros de idea, de clase a los que solo el recuerdo no nos parece que les “haga justicia”. Resulta necesario hacer de estos días una fecha de reflexión, reafirmación, pero sobre todo de encuentro. Es ahí, en el encuentro, donde se expresa la potencialidad de los anarquistas para cambiar las cosas.  

En otras ocasiones dijimos que entendemos al anarquismo como la suma de las acciones de los anarquistas, basados en algunos principios. No somos parte de una idea estancada con relatos épicos o románticos.

Puede que hoy la lucha no pase por la jornada o por las condiciones del trabajo. Incluso si tuviéramos las “fuerzas y cantidades necesarias”, si no logramos darle una finalidad, o si el resto de la clase trabajadora no busca más que mejoras o estabilidad, no alcanza. La cuestión de la supervivencia no puede alejarnos de la necesidad de terminar con la idea misma del trabajo entendida como la explotación del Hombre por el Hombre. De que haya quienes vivan a costa del sufrimiento ajeno. No hay posibilidad de que salario, condiciones o jornada laboral y dignidad nos entren en la misma frase. 

Quienes somos anarquistas no la tenemos fácil. Quizás tengamos la idea más simple, pero también la más difícil de llevar a cabo. Otros la tienen clara, se pueden acomodar y salir bien parados. Nosotros no.

Incluso el fascismo vernáculo le está encontrando la vuelta y creciendo poco a poco. En un mundo donde todo parece patas para arriba, donde el capitalismo deja cada vez a más personas tiradas, reaparece el viejo cuento de la identidad nacional y la idea de trascendencia del catolicismo. Viejos personajes de Dios y el Estado, pero ahora en stream. Para reforzar la idea, la CGT convoca a una misa y acto en Plaza de Mayo, pero el 30 de abril. Puede funcionar, si vemos lo que está pasando en el resto del mundo. Por ahora, ha servido para generar militancia joven.

Nosotros no. No tenemos líderes ni patria por la que “dar la vida”, tampoco pastores que nos prometan una vida mejor después de la muerte. Somos continuidad de una idea nacida de la necesidad, que pretende una vida en comunismo anárquico, y solo nos tenemos a nosotros mismos, el devenir y la voluntad. Un nosotros que no es poco, pero buscamos ampliar, no solo entre la clase trabajadora. Queremos, necesitamos, influir en cada gesto de resistencia que tengamos como clase oprimida, explotada. Buscamos que en las posibilidades que abre la acción directa, el anarquismo aparezca como opción. Disputar el imaginario social.

Nos tenemos a nosotros, los compañeros que ni siquiera conocemos.

Compañeros en distintas regiones que siguen dando su vida por una idea. Otros pagan con el encierro o la clandestinidad el haber elegido luchar con todas sus fuerzas contra lo que nos oprime. Distintas épocas, características y condiciones, pero la misma idea de hacer lo posible por la revolución social. Creemos que el 1 de Mayo debería ser un intento para en el encuentro potenciarnos. Proyectarnos. Sin negar discusiones, incluso buscándolas, intuyendo que en el fondo son matices, porque la finalidad es la misma.

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