Algo a nivel mundial parece estar cambiando. Desglobalización, Policrisis, son algunos de los nombres que le ponen a esta etapa histórica los que se dedican a ponerle nombre a las cosas. Resulta una tarea complicada entender los procesos en el momento en que están ocurriendo, pero al menos deberíamos intentar saber que están pasando.
Hay cambios en el “mundo del trabajo”. La llamada revolución industrial 4.0 sigue avanzando. La cantidad de explotados por el trabajo industrial cae o se estanca (y se concentra en pocos países) para darle lugar a los servicios, en peores condiciones laborales y sueldos más bajos en países como el nuestro. En pocos lugares puede verse luchas sindicales que logren contrarrestar las reformas laborales que el Estado ofrece al capital para intentar generar condiciones para supuestamente no perder empleos o inversiones (la lucha en Portugal que freno la reforma, seguramente tenga cosas para aportar). Las “fabricas oscuras”, produciendo 24/7 sin presencia de trabajadores humanos, están ahí, como una advertencia o profecía.
La guerra sigue siendo un negocio importante, sumando tecnología y generando algunos cuellos de botella en cuanto a los suministros, lo que acelera a la minería y hace su aporte a la destrucción del medio ambiente, no solo a los genocidios.
En la mesa del debate están sentados los representantes de los Estados más fuertes, los viejos y nuevos millonarios (Google, Meta, OpenIA, Anthropic, etc.) y de vez en cuando representantes religiosos. No hace falta aclarar el tinte o el valor de la representación sindical que puede llegar a formar esos encuentros.
Nadie pregunto y mucho menos tiene hoy la representación de los explotados y los excluidos. Rotos a nivel social y económico, por lo general fuera de las conversaciones y atrapados en burbujas informativas o pertenencias vacías que solo nos mantiene enojados.
La tasa de natalidad está bajando rápidamente a nivel global y en particular en nuestra región. Muchos motivos aparecen para justificarlo o comprenderlo (la economía, lo social en gral, etc.), pero difícilmente eso mejore la calidad de salud o educación de los más chicos. Es más probable que ese dinero se ahorre, teniendo en cuenta que, en sistemas jubilatorios como el argentino, menos explotados “en blanco” es menos recaudación para pagar jubilaciones, (tasa de reposición dicen los fascistas de distintos colores). La tasa de suicidios esta disparada, el uso de psicofármacos sigue subiendo de manera pareja. Cada vez parecen ser más los que se entregan a la apatía o aceptan las cosas “como son”. Avanza una disgregación social y con ella la dificultad de pensar, mantener o potenciar formas organizativas que al menos tengan pretensiones de resistencia. La distancia entre incluidos y excluidos se hace notar en el día a día y los viejos modelos no parecen funcionar dando lugar a “organizaciones” con cada vez menos “organizados”.
Las actividades que en distintos lugares se realizan conmemorando la revolución en España hace 90 años, no convocan las masas proletarias de antaño. Seguramente sean para una minoría (de la que indudablemente somos parte) pero que no logra romper la burbuja y llegar al resto de los que según nos parece, necesitan una revolución social tanto como en 1936.
El mundo está cambiando otra vez.
Podríamos usar solo nuestros principios y simplemente decir que lo que pasa a nivel global es una disputa o tensión entre Estados, Capitales y dioses. No está mal, pero creemos que es necesario tratar de profundizar los análisis y entender los procesos que parecen estar definiendo nuestro futuro.
Un ejercicio que de ningún modo debe impedir mantener la memoria y la continuidad de la lucha. De Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti a Santiago, y a los que de un lado y del otro de las fronteras, enfrentan la cárcel y la muerte con una dignidad que nos fortalece.
Lo venimos diciendo desde que nació este periódico, lo escribimos de maneras distintas, aunque parecidas, y seguramente lo sigamos diciendo. Necesitamos multiplicar los lugares de encuentro cara a cara con compañeros, afines y no tanto. No solo para resistir este modelo de individualismo y odio. Tenemos que tratar de entender el mundo en que nos toca vivir, y encontrar la forma de combatirlo para crear uno distinto.