Año electoral nuevamente. Promesas y embustes a la orden del día. Todos/as contra todos/as al mismo tiempo que todos/as amigos/as de todos/as dependiendo de cómo den las encuestas. Las ideas pasan a un tercer o cuarto plano dejando lugar al orden natural que requiere el capital: cuidar el poco o mucho poder que se consiguió para conseguir más, perpetuarlo, y conservar los privilegios que ellos/as traen. Es en estos momentos cuando la política se muestra en su mayor esplendor, irradiando miseria por doquier y dejando claro un concepto que comparte todo el espectro político, desde la ultra derecha hasta la extrema izquierda y en nombre del cual se han llevado a cabo las peores porquerías en la historia de la humanidad. El fin justifica los medios.No. No se puede renegar de la libertad para llegar a obtenerla y no podemos obtenerla a partir de la autoridad y la imposición (obviamente no negamos el período violento de la revolución social, pero no reivindicamos la violencia como algo deseado sino como inevitable). No se puede ser anarquista y escudarse tras la yuta o el Estado para conseguir un fin que se pretende superior. No, el fin no justifica los medios. Como dijera Bakunin respondiendo al estado transitorio marxista, no se puede pretender que subyugar al pueblo lleve luego a quitarle el yugo.

Y el fin… ¿Cuál sería ese fin? ¿Tendremos un fin común todas las personas y los pueblos? ¿Será que no conocemos de finalidades y necesitamos expertos que nos digan que zanahoria perseguir? Lo que es seguro es que no debemos ser capaces de manejar y definir ese camino hacia ese fin, porque una y otra vez caemos en la trampa de entregarle nuestra potestad de decidir a algunos de estos personajes que nos conducen por un camino ruinoso vez tras vez sin excepción. Eso sí, siempre en nombre de una decisión soberana resuelta en el sufragio. Entonces nos encontramos con un escenario como el actual donde en nombre de *a mí me votó la mayoría*se toman medidas que claramente benefician a unos pocos (claro ejemplo actual, la bicicleta financiera) al mismo tiempo que se nos dice es por el bien de todos/as. Se nos repite como disco rayado que es el único camino posible, que la herencia era peor de lo que pensaron, que fueron muy optimistas (esa es la mayor autocritica del oficialismo… ¿será nuestra cara de giles o la falta de respuesta?), los 70 años de hacer mal las cosas (que extrañamente coinciden con el arribo de Franco Macri a la región) y como si fuera poco, en conferencias para la propia tropa, el presidente Mauricio Macri se jacta que, de ganar, seguiría por el mismo rumbo pero más rápido (sí, estamos en el horno) y empúa a sus convencidos diciendo que cualquiera que desee que se vaya es porque no quiere laburar…como si laburar fuese una opción para nosotros/as. Siempre hablando en el contexto actual donde la explotación, la propia y la ajena, están a la orden del día, no por deseada sino por violenta.

En nombre del fin del populismo y de la generación de empleo genuino y del sector privado, profundizan el kirchnerismo (no porque sea un invento K pero si por la sistematización y uso del clientelismo) entregando más planes sociales y utilizando el monotributo social como forma de mentir en las mediciones de desempleo y pobreza. Justo lo que dijeron, venían a combatir. Obviamente, esto agranda al Estado contrariamente a lo que prometieron en la campaña del 2015 y al FMI, y les permitió hasta aquí frenar el desborde social. Perdón, mala nuestra, no fueron promesas de campaña, son aspiracionales como dice Gaby Michetti… y nosotros pensando que era chamuyo.

En los momentos más desesperados se muestran todo tipo de estrategias que sirvan al candidato para que nosotros/as compremos que es fuerte, inteligente, que se preocupa por nosotros/as como un gran padre y, que los demás son los malos, pero por sobre todo que no diga realmente cuál es su idea, que va a hacer efectivamente. El caso más emblemático es el de Carlos Menem prometiendo revolución productiva y salariazo en el ’89 para luego hacer todo lo contrario y años después confesar: si hubiese dicho lo que iba a hacer no me votaba nadie (es literal, no sarcasmo o ironía nuestra, no somos tan cínicos/as). Entonces nos encontramos con un Mauricio enojado y a los gritos en el inicio de sesión del Congreso, hablando de un país que seguro no es en el que nos toca vivir, tergiversando datos (cosa que hicieron, hacen y harán todos los políticos) para que demuestren lo que quiere decir y no reflejen del todo la realidad. Por caso, los 700 mil puestos de trabajo que si bien es real, es totalmente parcial. El crecimiento de la población en edad de entrar al mercado laboral fue mucho mayor a la creación de puestos por lo que en realidad la cuenta da negativa y dentro de los 700 mil están incluidos/as los/as monotributistas sociales dando que la cantidad de puestos de calidad generados son muchísimos/as menos; que la pobreza es mayor pero de mejor calidad no tenemos ni idea en qué se basan para decir eso (debemos reconocer el esfuerzo por hacernos comer mierda); aumentan la Asignación Universal cuando en realidad es un adelanto de todo el aumento ya establecido para todo 2019. Nada que agradecer.

Todas las personas tenemos límites para las cosas. Detonantes que nos harían despertar o cortar con una situación o simplemente no iniciarla como por ejemplo cuando la fiscal de la República, Elisa Carrió, dijo allá por el 2007, mientras tejía alianzas con Ricardo López Murphy, “mi límite moral es Macri” y el PRO ganaba forma en base a un rejunte que también vio con buenos ojos a Roberto Lavagna en ese momento. Hoy, es la garante moral (si eso existe) de Mauricio. Recordemos rápidamente los Panamá Papers y ‘Lilita’ diciendo que el Presi era inocente porque ‘Ella’ vio los papeles y dijo que estaban bien. Se ve que es su moral la que anda floja de papeles. Antes que ella, el mismísimo “padre de la democracia”, Raúl Alfonsín, había dicho que el límite del partido era la derecha, y que esa derecha era Macri. Se ve que a la UCR mucho no le importó… Y esto solo desde lo político.

Hace muy poco, fallece Franco Macri, padre del Presidente. En su funeral, MM dice que moría un hombre trabajador para luego, quince días después y con el cuerpo todavía tibio, en una entrevista (¿?), con intenciones de mostrarse convencido y justo con todos, acusa al difunto de cometer delitos en cuanto a la obra pública. ¿Qué tan bajo se puede caer? No hay adjetivo que describa el olor que despide esa actitud ¿Todo por un poco más de poder? O los políticos no tienen límites o no son personas. Al menos no lo que cualquier hijo de vecino entendería por esa palabra. Sabemos de lo que es capaz el ser humano… El fin justifica los medios, aun cuando eso signifique cagarte en tu viejo muerto.

Como los números no ayudan para nada, parece que el radicalismo se dio cuenta que el camino seguido nada tiene que ver con su propia historia e ideales (si es que los tienen) y ya no quiere ser parte de Cambiemos, al menos no sin cargos importantes. El partido de la ética política, al igual que todos los demás, la vende por un buen puesto. Claro, el fin justifica los medios. Se comienza a ver cómo en los diferentes distritos presentan candidatos propios desoyendo la orden presidencial de seguir al candidato del PRO, creciendo en el seno de la UCR la idea de ruptura empujada por históricos del partido. Incluso con la aparición del ahora mesías Roberto Lavagna, muchos radicales están pensando seriamente una alianza transversal con ese sector del ¿peronismo? Es confuso porque Roberto estuvo con Perón, Alfonsín, Duhalde y Kirchner, del que se alejó puteando por la cartelización de la obra. Quizás alguno rescate su voluntad de trabajo sin importar la ideología o signo del gobernante, para otros, ese es precisamente el problema. Para nosotras/os simplemente son políticos haciendo cosas de políticos.

Y eso hablando sólo un poco del oficialismo.

En este momento de Argentina en particular todos/as los/as candidatos/as saben que como mucho pueden aspirar a ser el menos peor.

Mientras, el “peronismo auténtico”, como Dios manda, reniega de todos los demás peronismos (no sabemos, al igual que ellos, cuál es), habla también de límites que pretenden sean los mismos para todos/as los/as ‘peronistas’ y pergeña alianzas para tomar un pedazo del pastel. Para algunos/as el límite es Macri; para otras/os la Cámpora o Cristina; la tibieza de Massa ayuda a que se le acerquen pero al mismo tiempo espanta a los que se consideran mejor plantados; Urtubey se confunde con Macri y Pichetto cree que puede jugar en todos los frentes todo el tiempo: hoy, enemigo de CFK, su antigua amiga. Aparece Lavagna como una gran opción que podría reunir el beneplácito de propios y ajenos para que en octubre cambie de manos la manija del Estado. Todos/as iguales… distintos/as de la misma forma. Las/os mismos que siendo legisladores le aprobaron todo al gobierno, ahora se creen la opción para que no nos pase lo que ya nos pasó… gracias a ellos/as. No hay opción para nosotras/os en el Estado, sin importar el signo, cada vez más difuso, del gobierno este o aquel. Todos/as los/as que tengan algo de poder harán lo necesario para sostenerlo.

Estamos muy seguras/os que mañana nos sorprenderán con alguna alianza o yunta de esas que para nosotros/as son impensadas. Claro, somos personas comunes; hijos de vecino. Pero para ellos/as en el fango de la política todo es posible y sobre todo válido. Cristina Fernandez da un guiño bajando a un candidato propio en Córdoba para que gane el peronista Juan Schiaretti, antes enemigo K y aliado a Macri, devenido en símbolo de unidad peronista (hoy, mañana no sabemos si sirve), pero sobre todo de la fragmentación de Cambiemos. También hizo un spot publicitario con la enfermedad de su hija, buscando el efecto del golpe bajo y sin asumir que fue ella, mamá, quien metió en quilombos a Florencia. Otra vez, el fin justifica los medios.

Entonces encontramos a una parte de la izquierda (Manuela Castañeira) llamando a las otras partes de la izquierda (Altamira, Bregman, Del Caño) a formar un rejunte que les permita realizar unas ‘elecciones históricas’ y obtener parte del preciado pastel. Mientras más mejor, obvio. ¿A qué precio? Eso no importa, seguro pagamos nosotros/as.

Pero el devenir político y su nauseabundo mar todo lo mojan. Estamos siendo testigas/os de cómo se revolean carpetazos los servicios de inteligencia que juegan para el mejor postor, o para ellos mismos. Jueces contra jueces, fiscales contra jueces, servicios contra servicios, periodistas que investigan periodistas, policías y milicos de todos los colores, todos contra todos, en una trama digna de un policial bizarro donde la fiscal de la República maneja audios ilegales, el gobierno no desarma la estructura militar de inteligencia que dijo iba a desarmar (¿será que ahora le sirve?) y la oposición peronista se queja, cuando fueron los peronistas los que armaron la AFI actual de la mano de Cesar Milani (Jefe del Estado Mayor General del Ejercito de CFK) y se quejan desde afuera del gobierno de todo lo que roce lo militar como si el General Perón hubiese sido verdulero. O por caso podemos recordar la visita de la Santa Evita a España, para encontrarse con el “Generalísimo” Francisco Franco (este era más bien carnicero), quien hacía pocos años hubo de ser el actor principal en el avance del fascismo, asesinando descamisados en dicha región, y mientras que allí se llevó muy bien con él, no dudó en hablar mal apenas aterrizada en Argentina. Todo huele rancio en la arena política.

Quedan miles de ejemplos en donde veríamos reflejado que la ética (entendida como la puesta en marcha de la moral) no es algo que les interese a la hora de disputarse un pedacito de poder. Todo es posible si de adquirirlo se trata. Mentir, difamar, prometer son sólo la punta del iceberg de lo que son capaces ¿Qué darían por un voto? Desde papá muerto hasta la hija enferma; todo vale cuando el fin justifica los medios.