Nuevamente nos encontramos en un período post electoral, rebalsados de análisis de porqué se dio de tal o cual forma, por qué ocurrió esto o aquello y sobre todo quién ganó y quién perdió en la contienda que tiene como corolario, las urnas. Y ¿por qué es importante el período electoral? Porque en esta región, las elecciones son algo más que un ‘simple acto democrático’; son como un salto de fe hacia un vacío que no sabemos para donde puede salir disparado… aunque la mayoría de las veces son solo otro tiro en el pie

El riesgo ‘KUKA’, si tal cosa existe, ’los mercados’, si les pinta apoyar o romper, EEUU, si quiere jugar, y demás factores (en el período electoral, todo atenta contra la estabilidad y la tranquilidad de la vida…y sí, sube el dólar), hacen que a lo largo de meses sea la incertidumbre la norma que nos rige: si gana tal, tal cosa, si gana tal otro, tal otra cosa, y todo exagerado. Bueno, ganó tal, ¿y ahora qué? En el medio como siempre, cautivos del sistema, gente que la ve pasar padeciendo esos vaivenes.

“A mi juicio está claro que el sufragio universal constituye la manifestación más amplia, y al mismo tiempo más refinada, de la charlatanería política estatal; es sin duda alguna un instrumento peligroso, que exige de quienes lo utilizan una gran habilidad y competencia, pero que, al mismo tiempo, si esas personas aprenden a utilizarlo, puede convertirse en el medio más seguro para hacer que las masas cooperen a la construcción de su propia cárcel.” Mijail Bakunin.

Y aprendieron nomás. No solo que aprendieron a utilizar el mecanismo electoral para acceder a lugares de poder, sino que, con el pasar del tiempo y las sucesivas elecciones, generaron la maquinaria de propaganda más grande de la historia, con el uso, ‘sobre’ mediante, de medios tradicionales como prensa escrita, radio o televisión, redes sociales, bots, abrazos significativos, inteligencia artificial y el uso y abuso de fake news (esto en todos los anteriores), en pos de imponer un discurso y una mirada sobre la ‘realidad’.

Como lo planteaba Bakunin hace ya mucho tiempo, si el sufragio se da en una sociedad donde los recursos se encuentran acumulados por una minoría que controla la propiedad y el capital, por libre e independiente que pueda o parezca ser desde el punto de vista político, la población en general, su resultado solo es ilusorio y contrario a las necesidades de las mayorías.

Y esto es lo más extraordinario que sucede en las elecciones y todo lo que generan, porque a sabiendas de que a la postre siempre perdemos, se sigue confiando en las promesas del charlatán de turno, incluso si estas son recortes y miseria, como ocurre actualmente y, los buenos augurios son para dentro de ¡cuarenta años! 

Vemos cada miércoles como ese recorte se sostiene con palos, como también continuamente por redes sociales con escarnio a quien levante la cabeza, o con campañas en contra de un sector solo por reclamar al menos mantener un salario digno, si eso existe. Así y todo, a pesar de lo antes dicho, Espert y los narcos, las matufias en discapacidad, no distribuir alimentos guardados en galpones y pelearse con un pibe con trastorno del espectro autista, el gobierno logró recuperarse del golpazo que fueron las elecciones de medio término de septiembre en la provincia de Buenos Aires (donde el peronismo mostró su fuerza y se quedó sin nafta para octubre). Dignidad parece, salvo excepciones, salió del grupo. 

Entre las causas que se esgrimen para explicar la remontada del oficialismo vamos desde las más positivas a la más negativa, pasando por una variedad muy colorida como por caso, ’el electorado argentino es muy maduro por eso elige algo en su provincia y otra cosa en nación’, mmm…puede ser; ’los intendentes no jugaron en la nacional’, muy probable, solo miran su kiosco; ’el apoyo de Trump’, en este caso con dos acepciones: la positiva es que el apoyo de EEUU es importante porque los mercados y coso (además que pusieron una camionada de guita de una manera no muy clara para sostener el dólar ¿suena Scott Bessent?); la negativa fue la amenaza del mismísimo Trump de irse y llevarse todo si Milei perdía las elecciones (’no seremos generosos con Argentina’ dijo), lo que implicaría la debacle económica total (o sea, un poco más de lo normal); ’los pobres votan a Milei porque nunca accedieron a ningún derecho’, seguro hay algo de eso, y es sencillo de entender si vemos que gobierno tras gobierno son relegados o tratados como deshechos, por lo que, acompañar a alguien que dice algo distinto (aunque mentira) es hasta esperanzador…total, ¿Qué tienen para perder? ; ’el miedo al peronismo hizo ir a votar gente que no había ido antes’, lo que también ocurrió en 2019 luego de las PASO y Macri le recortó a Alberto Fernández unos 8 puntos; ‘Odio al peronismo’, aunque parezca mucho, que los hay los hay y se mezcla mucho con la anterior. Estas dos últimas, movilizan bastante y no importa quién está del otro lado del peronismo, porque lo importante es que no gane éste, como dijo alguna vez Aníbal Fernández (el otrora espadachín radial) el 40% de la población nunca votaría peronismo. Todas reales, todas posibles. La ‘verdad absoluta’ del asunto se la dejamos a los periodistas e historiadores. Lo importante acá es que ganaron, o de alguna manera revalidaron su gestión…y todo lo que trae consigo.

“La mejor política industrial es la que no existe.” Pablo Lavigne, secretario de Coordinación de Producción.

Después de dos años, ya es más que claro el perfil del gobierno respecto de donde interviene y de qué manera, porque, aunque parezca que no y resuene en los discursos, mantener el dólar pisado y las paritarias restringidas al tiempo que se abren las importaciones, es intervención estatal y es una política productiva. Sumado a eso, lo único que propicia el ejecutivo es la timba financiera, cosa que se nota por demás en la supuesta recuperación de la economía. En el último trimestre, ’los datos’ reflejan una suba de la actividad económica del 0,5% en septiembre respecto a agosto y se registró un avance interanual de 5%, según los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), lo que en principio es algo positivo, pero que, al desagregar por sector, se entiende un poco mejor la sensación de que nada mejoró. 

En primer lugar, se compara contra 2024 que fue un año horrible en términos económicos por lo que, crecer desde ahí no es un gran mérito, sino solo subir un pasito desde el subsuelo sin recuperar ni siquiera valores de 2023, por lo que podemos inferir que esto sí, ya es todo de Javier Gerardo; en segundo lugar, los datos son ‘promedios’ de muchos valores, por lo que algunos suben y otros bajan, pero la cuestión radica en cuánto y porqué lo percibimos de determinada manera. ¿Qué rubros suben? Pesca, minería e intermediación financiera. Los dos primeros algo productivos y extractivistas pero que emplean muy pocas personas, por lo que no se nota de forma general sino en localidades puntuales y puertos. El tercero, es el juego de bancos y entidades financieras que ganan mucho más con la timba que dando créditos hipotecarios o productivos que podrían derramar en la población. Los sectores manufactureros y comercio, que es donde se nuclea la mayor cantidad de empleo, cayeron incluso respecto al 2024. Además, cayó la venta de combustibles siendo la mayor, la registrada en el segmento del gasoil, el más consumido del país, que tuvo un retroceso de 11,24%. Este combustible se utiliza en el transporte de camiones, máquinas del agro, sector industrial y logístico, por lo que se ve más increíble todavía ese crecimiento económico. Un éxito total.

Al mismo tiempo, aunque se mantienen pisados los salarios, lo que hace que el mercado interno se hunda (es un perro mordiéndose la cola: menos guita en el bolsillo, menos compra, menos venta de producto, menos necesidad de fabricar, menos recauda la empresa, menos puede pagar salarios que…si, menos puede comprar), crece cada vez más el número de empresas que cierran dejando un tendal de despedidos que pasan a engrosar la lista de desocupados lo que permite deprimir aún más los salarios. TMAP.

-Periodista: “Unos 220 obreros quedaron en la calle por el cierre de Whirlpool”.

-Miguel Boggiano: “Pero ahora tenés a 850 mil que van a comprar más barato el lavarropa”. 

Solo en los últimos días vimos como una planta modernizada en 2023 como Whirlpool, es decir, que había realizado inversión para ser competitiva, echó sus quinientos trabajadores (en los medios resuenan alrededor de 220 empleados despedidos juntos que son los que habían quedado luego de la primera ola de despidos) y cerró sus puertas por no poder competir con la importación de productos. 

Como había anticipado Paolo Rocca (Techint) el año pasado se importaban 5.000 lavarropas por mes y este año el número creció a 85.000, mientras en heladeras se pasó de 10.000 a 80.000. Si se sigue despidiendo en masa ¿quién va a comprar esos lavarropas y heladeras más baratas? Además ¿cuán miserable hay que ser para comparar que alguien pueda comprar más barato conque alguien no tenga garantizado lo más mínimo para la subsistencia? Y esto es solo un ejemplo. Desde 2023, según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), cerraron 19.164 empresas dejando colgados a 276.624 trabajadores registrados por lo que la lista sería innumerable para estas páginas. Solo algunos ejemplos desde octubre: a Whirlpool, la anteceden SKF (rodamientos), Dana (autopartista), Essen (ollas), La Suipachense (lácteos), Yaguar (supermercado), Cencosud (Jumbo, Easy), Frávega (electrodomésticos), DBT-Cramaco (alternadores eléctricos), Newsan (electrónica), Textilana (textil); metalúrgicos, textiles, comercio, despidos, suspensiones, quiebras, cierres, Buenos Aires, Mar del Plata, Santa Fe, Mendoza…

El capitalismo en su esencia, plantea la competencia en lugar de la colaboración, donde las personas solo son vistas como factores de producción que pueden mudarse de una empresa a la otra, sin importar cuanto tiempo demande esto, lo que implica desesperación, miseria (material y humana), aceptación, sumisión.

Al desolador panorama, se suma una inflación que no solo no afloja, sino que encima parece que se acelera. En lo que va de noviembre se registraron cuatro aumentos de combustible que, como ya no hay obligación de informar, pasan desapercibidos. Aumento en el boleto del bondi del 15% en el conurbano bonaerense (la zona más poblada del país). Aumentos en alimentos y bebidas en torno al 3,2% picando en punta la carne que en el precio mayorista subió alrededor de 21% y cerca del 10 en las carnicerías, sabiendo incluso, que, en diciembre, debido a las fiestas, va a volver a aumentar. Aumento de los alquileres que, dependiendo de cómo se haya firmado el contrato (antes o después de la derogación de la ley de alquileres) tendrá un mínimo de 5,97 %, que es el valor del IPC (Índice de Precios al Consumidor). Para diciembre y enero se anunciaron aumentos de agua, prepagas, telefonía, luz, gas…ah, y un nuevo régimen de subsidios: si, con menos subsidios y pérdidas de bonificaciones.

Según el propio Banco Central, el endeudamiento promedio por persona es de 5,6 millones de pesos (75% más que el año pasado), la morosidad trepó al 7,3% (el triple que el 2024), y no solo con bancos es la deuda, sino que crece con billeteras virtuales. Claro, a diferencia del 2024 que se contrajo deuda para mantener el nivel de vida, este 2025 se contrae deuda para pagar la del año pasado, mostrando un deterioro permanente en la economía doméstica.

Con todo lo mostrado hasta acá, la pregunta es ¿por qué revalidó en las urnas? ¿alcanza solo con la inflación más o menos controlada? Pareciera que sí. Tampoco había mucha opción democrática; de la vereda de enfrente, solo miserias personales y ninguna idea…

Gobierno tras gobierno vemos cosas más o menos parecidas, un poco más acá, un poco más allá, pero ¿Por qué sostener un sistema que mantiene a las mayorías en desconcierto para beneficio de unos pocos?

“El capitalismo te roba y te hace esclavo del salario. La ley mantiene y protege ese crimen. El gobierno te engaña haciéndote creer que eres independiente y libre. De ese modo eres embaucado y burlado todos los días de toda tu vida.” Alexander Berkman.

A clase

En diferentes episodios de la historia hemos visto como, dependiendo del suceso, diferentes personas se unen en pos de algún fin en particular, desde una celebración a un levantamiento social o militar. También hemos visto de esta unión en torno a la clase social a la que se pertenece. Por ejemplo, durante la sangrienta semana de enero de 1919, mal llamada semana trágica (tragedia remite a algo fortuito o inevitable como un terremoto y sus consecuencias; reprimir y asesinar obreros tiene mucho de intencional), donde se da una huelga en los talleres Vasena y se extiende a huelga general, luego de días de conflicto, tiroteos y muerte de trabajadores. Sabido es que la construcción sindical demoró años, discusiones y sangre para en el momento oportuno, poder reaccionar y plantear una defensa ante el ataque patronal; por su parte, los argentinos de bien, temerosos de que se replique un levantamiento bolchevique en estas tierras, se reúnen en un bar paquete de Buenos Aires y en una hora y media deciden armarse hasta los dientes y salir a cazar ‘rusos’ por las calles. Milicos, estancieros, curas, nacionalistas, lo mejor de lo mejor de las clases altas fundan la Liga Patriótica, que obviamente actúan impunemente con el beneplácito del gobierno y sus esbirros, quienes les proveían las armas. Defienden sus intereses y no dudan.

Hay más ejemplos a través de la historia, donde se muestra como las clases acomodadas se abroquelan detrás de un movimiento que se enfrente a la organización de los trabajadores, la redistribución de la riqueza y la salida de la miseria; sin ir más lejos, el fascismo, que se apoya en las clases medias y altas temerosas de los coletazos de la revolución rusa, o la sublevación militar española de 1936 que deriva en la Guerra Civil, que se oponía a la Segunda República y al gobierno del Frente Popular que decían, tenía una deriva revolucionaria. 

Siempre que parece tocarse un privilegio de las clases dominantes, aúnan fuerzas y los defienden a toda costa, sin medir las consecuencias…o sí, solo que lo disfrutan.

Pero ese no es el centro de estas palabras: no son ellos, somos nosotros. Y ahí reside el problema. ¿Quiénes somos nosotros? ¿Existe tal cosa? Seguramente no. Pero podemos pensar en algo que sí tengamos en común, aunque con eso hoy no alcance.

¿Qué tenemos en común? Que tenemos que vivir de los frutos de nuestro propio trabajo. Además, en mayor o menor medida, que ese trabajo es producto de la explotación de un tercero que vive de la mayor parte del fruto. Y ahí hagamos una distinción simple. Si se labura en el negocio propio, no se es empresario, sino laburante; eso no significa que no se explote a otro. Siempre puede haber micro explotaciones, aunque acá tratamos de abordar generalidades.

Entender esta relación en la cadena de producción capitalista, nos deja comprender dónde estamos parados, lo que se llama conciencia de clase. También, si suena anacrónico, podríamos decir que nos entendemos excluidos. Pero ¿excluidos de qué? De los beneficios de acceder a todo lo existente, sin preocuparse por el alimento, educación, salud, alojamiento, propio, y de las generaciones siguientes ya que se encuentran garantizados desde el día de nacimiento.

Debemos reconocer un enorme trabajo de la democracia capitalista en convencernos que cada uno está por su cuenta, que el primer enemigo es el vecino y que, aunque conozcamos sobrados ejemplos donde se plasma que la mayor arma de la clase trabajadora es la unión para conquistar reivindicaciones, aceptamos aislarnos. Esto claramente, también es obra de los sindicatos que, a lo largo del tiempo, de abandono, negocios y entrega, completaron la obra atomizadora necesaria para que no se vea ese nosotros. Aunque seguimos siendo… 

Hemos visto al conductor de un Fiat Duna con un cartel de Todos somos Vicentín, mientras los ceos de la firma dejaban a los productores en la lona; también a trabajadores pedir por despidos de supuestos ñoquis en el Estado convencidos de que son los responsables de su miseria y no las decisiones tomadas más arriba; cualquier hijo de vecino hablando mal de ’los planeros’, al mismo tiempo que se anhela ser como Galperín, quizás, el mayor ‘planero’ de la historia…o tal vez sea Macri, da lo mismo. 

Tanta propaganda con una mirada ‘burguesa’ acerca de que es correcto y que no, nos trastocó los valores y no logramos reconocernos entre pares donde apoyo mutuo y solidaridad parecen cosas sacadas del baúl de los recuerdos; tanto mirar para arriba nos hizo perder de vista lo importante, que no reside solo en lo económico como plantean los sindicatos actuales. La pelea no debe ser solo por una mejora salarial, sino por condiciones de vida dignas, sin explotadores ni explotados.