Terminó el mundial de futbol, y se ve que el circo enardeció una fibra nacionalista intensa llenando de banderas autos y balcones, hablando de ’la patria’ para resaltar la virtud del ser argentino, a la par de disputas entre bandos de la grieta para ver quien se apropia de ese resurgir del ser nacional. Sí, si hay algo que explotar, algo de que obtener un beneficio, los medios y la política están siempre agazapados esperando el momento.

Debates vacíos para ver quién es más malvinero, quien quiere más a la camiseta, quien dice la estupidez más grande respecto de una campaña anti argentina en redes que, en ese campo, gana por mucho el presidente… hasta con un decreto de puro chauvinismo falopa.

Quizás, movilizados por ese aluvión nacionalizador, es que mucha gente se manifiesta en contra de la llamada extranjerización de la tierra porque…bueno, cada quién podrá esgrimir su porqué (recursos, soberanía, los extranjeros son malos, etc.), pero lo importante es que por un instante, solo por un instante, en algún lugar se mencionó que quizás, la acumulación de tierra en pocas manos no es buena para nadie y realmente no importa quién sea el que la acumule (es lo mismo si el que no te deja pasar al lago es Joe Lewis o Lázaro Báez), lo que importa realmente es que el resto no tenemos acceso para trabajarla, vivirla, disfrutarla.

Hoy, además, nos toca ser entre espectadores, extras y protagonistas de cómo va mutando la vida y sus relaciones atomizadas, aceleradísimas y descorteses mediadas por las redes, el empleo y su forma en cuanto a su desarrollo, las características que adquiere según los avances tecnológicos, la sobre explotación que conlleva y la ilusión de una salida del pozo, cavando más profundo. Espectadores, porque en general, no decidimos casi nada (se simula una vez cada tanto), sino que presenciamos como convidados de piedra como el capital cruje y se adapta a costa de los explotados para generar más ganancias, mientras la democracia juega al fleje para seguir convenciendo de que es el mejor sistema posible; extras, porque aunque no parezca siempre estamos ahí, en el escenario, haciendo que todo funcione mientras otros se llevan los laureles y el oro; y protagonistas, aunque hoy en potencia, de la única salida posible que es la Revolución Social, donde los mismos interesados se quiten el peso de la vida moderna, su trabajo moderno, su hambre moderna, sus deudas modernas, sus miserias modernas…

“Cada uno nos tenemos que hacer cargo de nuestras decisiones porque, si yo te ayudo a vos porque tomaste mal un crédito, y yo no sé si vos tomaste mal el crédito porque no llegabas a fin de mes o porque alguien te había contado que Milei se iba y el dólar se iba a ir a 3.000…”. Luis ‘Toto’ Caputo.

En notas anteriores mencionábamos como la gente se endeudaba (para fines de 2024 por ejemplo) para no caer a una situación peor de la que se encontraba, llamando la atención que muchas de las deudas eran para comprar alimentos. Alertábamos que iba a ser complicado el desendeudamiento en un contexto en el que la inflación siempre superaba a las paritarias (para quien tuviese la suerte de tenerlas), y no por ser expertos economistas ni nada por el estilo, sino más bien, por tener experiencia en Argentina. 

Hoy estamos presenciando, con el nivel record de mora en los créditos, el resultado de esas políticas económicas aplicadas por el gobierno desde el día uno: dejar correr todos los precios menos los salarios y algo el dólar; recordemos que primero lo subieron más de lo que pedían en ’la industria’ y ’el campo’ produciendo una devaluación inicial de 118% para luego convertirlo en la famosa ancla de los precios, logrando que ’la industria’ y ’el campo’ le pidan que lo dejen ir. Ojo, pero siempre diciendo que no intervienen y que nada tienen que ver con los precios en el mercado. Sarasa. 

Ese dejar correr los precios de bienes y servicios sin ningún miramiento, no es otra cosa que ’las paritarias’ de las patronales, donde se verifica la transferencia aceptada mansamente de ingresos, de los explotados a los explotadores, haciendo caer el famoso poder adquisitivo: algo más de guita pero que compran muchos menos productos. Esa misma inflación que sigue bajando para arriba. 

La consecuencia directa de esto, fue la toma de créditos para pagar gastos corrientes por varios motivos: el sueldo no alcanza directamente es la más sencilla de entender y verificar, viendo que el nivel de vida se encareció brutalmente desde alimentos a servicios esenciales; mantener el nivel de consumos hogareños, al no llegar a todos los consumos deseados (ya no solo los indispensables); refinanciar deudas anteriores que, al cambiar las reglas de juego, encarecieron las tasas de interés.

En las últimas semanas, varios estudios de consultoras y universidades (Universidad Austral, EcoGo, Management & Fit, CEPA, entre otros, con datos tomados de Central de Deudores del Banco Central) arrojaron estadísticas más que desesperanzadoras. Sin ahondar en números (que pueden encontrarse fácilmente) crece la mora con todo tipo de entidades, ya sean bancarias o billeteras virtuales, lo que supone el aumento también de deuda informal con ’el presta’ del barrio que muchas veces es también ‘el transa’. Y comienza un círculo del cual es muy difícil escapar.

El promedio total de atrasos en los pagos de más de noventa días del país alcanzó el 17,5% de todo el crédito otorgado a personas físicas; en apenas 18 meses, el indicador se multiplicó por 4,9. Muchos deudores bancarios, sacaron créditos en billeteras, que los ofrecen constantemente, para saldar el crédito con el banco que, por su estructura más rígida y controlada ya no le presta. Y acá se entra en una trampa casi como la de caer en el transa. Las billeteras ofrecen préstamos a tasas personalizadas y súper usurarias, más aún que las bancarias -que no son ningunos santos-, yendo desde el ciento y pico por ciento a más de mil trecientos, dependiendo de la actividad financiera de cada usuario. Sí, acceden a toda la actividad y en base a eso ofrecen tasas más bajas a quienes consideran que tienen más posibilidades de pagar, y de quien sospechan mayor probabilidad de mora, la tasa aumenta exponencialmente haciendo a quien menos tiene y puede, más impagable la deuda. ¡¡El capitalismo funciona!!

La bastardeada no termina solo en mantener a la población endeudada, sino que, cuando el banco considera incobrable una deuda la vende a unos sujetos que se dedican a apretar gente para recuperar esa guita y, aunque esto no es de ahora, siempre hay una vuelta de tuerca para ser más forro. Las billeteras virtuales, con nuestro consentimiento (sí, eso que ponemos que estamos de acuerdo sin leer o terminar de entender del todo), accede a nuestros contactos y se comunican con ellos para decirle lo malos que somos por no poder pagar. Siempre habrá algún vivo que lo hace por pura especulación o en gastos de fisura -como supone Toto-, pero de estos informes mencionados más arriba, surge que la mayor parte de las deudas no son por bienes durables (un auto, un inmueble…salvo que sea algún funcionario del banco Nación y compre una tercera casa en un country) sino deudas anteriores o, morfi y servicios. El promedio del monto de incobrables ronda los 300 mil pesos…hay miseria y se nota.

Habrá que agregar a la lista, si se aprueba en diputados, la ley de Inviolabilidad de la Propiedad privada, o lo que quedó de ella luego de quitar los capítulos de tierras y control de fuego en el Senado, los desalojos exprés. Los legisladores tienen tan claras las necesidades del pueblo para el que legislan, que le dieron media sanción a una ley que propone desalojar una vivienda o lo que sea (sin importar condiciones de los habitantes) con solo una mora de diez días. ¿Atraso en el alquiler? ¡¡Afuera!!

“Pregunto: ¿Le pusieron una pistola en la cabeza? No, bueno. ¿Es correcto que yo le haga pagar a usted por eso? Decir que lo tiene que arreglar el Estado es pasarle la cuenta a todos los demás, no está bien”

Javier Gerardo Milei

“Nosotros vamos a evitar las soluciones que impliquen quitarle recursos a alguien discrecionalmente para asignárselo a otro”

Santiago Bausili

La muestra de cinismo y mediocridad no tiene límites. ¿Dirá lo mismo el presidente de la deuda estatizada que contrajeron empresas de capitales privados? El León, que solo le ruge a los que considera más débiles en una muestra de cobardía absoluta (esto tampoco es nuevo), es el poseedor temporario de la famosa lapicera, hecho por el cual, las medidas que tome su gobierno, que impactan de manera más o menos directa en el resto de la población, son su responsabilidad. ¿No era así que funcionaba la democracia representativa? Una de dichas medidas fue la de permitir a todas las entidades financieras mover las tasas de interés como se les cante, dejando el interés que da un plazo fijo –lo que puede ganar un ahorrista- entre 16 y 23% mientras que las Tasas Nominales Anuales (TNA) para préstamos personales rondan entre el 60% y el 142% -lo que gana el banquero-, y otro tanto mucho más alto ya mencionado de las billeteras. Al mismo tiempo, se pisaron jubilaciones, se enfrenta a sindicatos para frenarle las paritarias (que, salvo excepciones, están a la orden del día para transar con cualquier cosa), se desinvierte en todo lo que se podría haciendo el costo de vida (de una vida sencilla) cada vez más difícil de alcanzar sin recurrir a la ayuda de familiares, dos o tres trabajos o un crédito imposible de cubrir. Que la cancha se incline hacia los que más tienen, es una decisión tomada desde arriba por quien fue avalado en las urnas, defendida a los garrotazos en la calle. ¿Qué más discrecional que los dueños del capital usando las herramientas del estado para engordar su capital?

Quizás no sea literalmente un arma en la cabeza, pero se ve a las claras, que el capitalismo requiere de cada vez mayor nivel de explotación para seguir adelante, y en esta región se puso muy feo, por ejemplo, en el caso de Mercado Libre, solo en Argentina gana más por su actividad financiera (Mercado Pago y sus créditos) que por la venta de productos (’la razón de ser’ de Mercado Libre), mientras que en el resto es al revés. Además, en el período que va desde que arrancó el año hasta el presente, un gigante como Mercado Libre, recibió en subsidios, unos 42 millones de dólares en concepto de la Ley de Economía del Conocimiento que se pensó para financiar a empresas que recién empiezan. Un golazo de Galperín poder recibir unos manguitos en subsidios con el discurso de que el Estado no intervenga y que el mercado no sé qué, y los planeros que sé yo…en fin, la gente de bien.

Por otro lado, el costo fiscal anual del RIGI (lo que el Estado dejará de percibir o recaudar una vez operativos los proyectos) oscila entre US$ 786 millones y US$ 1.395 millones por año que no se les cobrarán a empresas que mueven fortunas y con la promesa de un laburo de mierda que tampoco llega, mientras dicen que no hay plata…no hay plata para un hospital o los salarios; es que tienen que comprar botes y autos de lujo.

Por su parte, el gobierno actual se desentiende, con todas estas piruetas discursivas, del problema al mismo tiempo que se beneficia. El Costo Financiero Total (CFT) de los créditos tiene en su composición percepciones como el IVA a los intereses y el Impuesto a los Débitos o Créditos Bancarios, que obviamente, el banco o la billetera virtual descargan sobre el endeudado. Y no termina acá: las provincias perciben Ingresos Brutos y algunos municipios agregan alguna tasa…por las dudas vio. Sin importar el signo político, ninguno tomó ninguna medida (como dejar de cobrar el impuesto y punto, no es tan difícil) para mostrar algún tipo de interés en que no se arruine a la mayoría de la población, salvo en lo discursivo, que es más fácil. Queda en evidencia, una vez más, que el Estado y el capital trabajan en tándem para expoliar a fondo a la mayoría de la población en beneficio de unas pocas manos, que a su vez nos convencen que el problema en realidad, somos cada uno de nosotros…ah, y la Iglesia, que con sus cartitas y encíclicas parece pedir a gritos que no la saquen de la mesa de los grandes.

You are fired!!

Frase que se dice, hizo grande a EEUU y que utilizaba D. Trump en un programa de tv.

Sí, estás despedido, solo que quizás todavía no ocurrió; tampoco es que se pueda hacer mucho hoy por hoy…pero algo sí. El problema no es simplemente pender de un hilo en el puesto de trabajo sino tratar de pensar para qué se trabaja, para quién y con qué fin, y eso es pensar, en definitiva, el trabajo mismo como actividad humana y qué lugar ocupa uno en esta cadena trófica, llamada democracia capitalista. En principio, se podría razonar si se vive de su trabajo o se vive de la renta o ganancias que se extraen del trabajo de otro: en el primer caso, se pertenece indefectiblemente a la clase trabajadora, al proletariado, a los explotados; en el segundo, a los capitalistas, terratenientes, a la burguesía o la categoría que más se adapte en estos tiempos a explotadores. Obviamente, hay salvedades respecto de la escala y las formas (no es lo mismo ser dueño de una gran empresa que de un kiosco de barrio, aunque se puede ser igual de basura). 

Este primer acercamiento a un análisis, aunque muy rudimentario, es un comienzo para repensar el mundo y las relaciones que nos rodean y no pisar el palito de la meritocracia o el emprendedurismo que, no decimos que no pueda suceder, lo más probable, porque así se confirma una y otra vez, es que cuando se nace pobre…

Decíamos de no pisar el palito porque está a la orden del día vender tortilla en la esquina de algún barrio (en la ciudad de Buenos Aires imposible, la gorra te roba hasta las paltas) y creerse empresario, o contarse a uno mismo el cuento de la independencia financiera mientras se pedalea bajo el yugo de alguna aplicación nefasta cuyo algoritmo somete cada vez más al laburante con viajes a veces absurdos que de rechazarlos, conlleva un castigo. 

No es la intención desmerecer ningún trabajo u oficio ni, sobre todo, el intento de cualquiera de salir de la miseria o mejorar su situación tratando con lo que se puede o se tiene a mano, sino de entender donde se está parado y eso es fundamental para lograr dar un paso hacia adelante. O hacia el costado mejor, donde se encuentran otros en la misma, masticando los mismos garrones, pateando las mismas veredas y filas para tirar currículums en busca de algún laburo que, si es en blanco, tanto mejor. Y no porque un trabajo en blanco garantice felicidad o satisfacción, sino porque da cierta estabilidad (o su ilusión) y algún beneficio adquirido que un trabajador informal o autónomo no tiene. No le deseamos a nadie entregar medio día de su tiempo, todos los días de su vida, al laburo.

Laburo que las empresas, dicen, vienen a dar; pero esto no es así. Cambiemos el prisma a través del cual observamos esta actividad humana que es el trabajo. Las empresas necesitan que “alguien” realice determinada tarea para obtener sus beneficios que, si puede realizarla “algo” (un robot por caso), “alguien” tiene que juntar sus cosas e irse. Entonces, ¿qué es el trabajo? ¿cómo es la relación entre trabajo y capital?

Un cacho de historia (y cultura)

Estas palabras son solo una búsqueda, un camino, parte de pensar ese ‘donde estar parado’. 

Con una mirada clásica, los capitales por medio de las empresas necesitan determinados factores de producción para que se realicen las tareas o el producto que pretenden vender. Máquinas, insumos, mano de obra. Compran máquinas, compran insumos, ¿compran mano de obra? Compran o demandan en realidad, horas de trabajo o servicios laborales a cambio del salario basado en la oferta y la demanda (ponele) el cual refleja la productividad marginal del trabajador. El salario equivale a lo producido por ese trabajador.

Una óptica marxista, diría que compra la fuerza de trabajo descripta como la capacidad física y mental del obrero para trabajar durante el jornal. El empresario compra esta capacidad como una mercancía pagando su valor de subsistencia, el salario, dando lugar a la explotación porque el trabajador genera un valor mayor al que se le paga, originando la famosa plusvalía dentro del proceso de producción.

Por su parte, Proudhon, que discutió algunas de estas cosas con Marx, postulaba que el empresario paga un salario individual, pero se apropia de la fuerza colectiva, lo que convierte a este intercambio en un robo masivo. Lo que generan varios laburantes colaborando es mucho mayor que lo que generan la suma de los esfuerzos de cada uno. 

Es decir, el capitalista, no paga el valor del trabajo real, sino que compra la labor, la producción del laburante de forma aislada, robándose el beneficio obtenido por la cooperación social, hecho que extiende al infinito, la subyugación del obrero. Poseer la titularidad de esa producción, adueñarse de lo realizado por otros es un robo. La propiedad es un robo.

Una visión más moderna, liberal, austríaca, mágica digamos, sostiene que el salario es el precio acordado libremente por ambas partes. Posta, no es joda. Algún trabajo habrá donde pueda hacerse, pero en general esto no sucede ¿no decíamos antes que el gobierno ultra liberal pisa las paritarias? Esta visión es la que vino a implantar el macrismo en estos lares y que atraviesa a las plataformas con su idea de sociedad libre entre las partes: se pasa de ser patrón y empleado –relación de dependencia- a sociedad entre interesados para llevar a cabo una actividad laboral, cosa con la que hasta podríamos estar de acuerdo en principio…pero no, porque en esta sociedad a la fuerza (se debe vender el tiempo para sobrevivir), la asimetría entre las partes es insalvable. Solo es una cortina de humo para ocultar la explotación y lavar responsabilidades. Algo así como contratar gente, ponerla como monotributista y argumentar que es un prestador de servicio, cosa que hizo, hace y hará el mismo Estado siempre.

Se puede pensar o entender al trabajo como la relación que le plazca a cada uno, e incluso se lo puede romantizar agregándole dos cucharadas de dignidad y una pizca de ordenador social, pero lo que no se puede, siendo un laburante, es no ver la explotación a la que se es sometido o se somete a otros si uno tiene un buen pasar. Y comenzábamos esta parrafada hablando de estar despedidos, porque como muestra la realidad todos los días, cuando el capital cruje y debe reinventarse, mueven algunos factores de producción y otros se descartan. Usted está aquí. 

¿Qué parte de esa ‘sociedad’ nos estaría tocando? Las deudas seguro. ¿Cómo salimos de ahí? Como siempre, no tenemos un qué hacer, pero ya que está de moda, parece intuitivo el ’nadie se salva solo’, lo que implica que, ir charlando con los compañeros de laburo y del barrio, mientras se puede para cuando se pone brava la cosa sería un buen comienzo. Generar una caja de resistencia mientras se tiene laburo es el principio del aguante a quien la está pasando mal y para sostener medidas de fuerza que muchas veces el mismo sindicato que dice representarnos se opone. Y esto no quiere decir que el sindicato no sirva como herramienta de lucha. Muchas discusiones se han dado a lo largo de los años y prevaleció la postura de sindicalismo a secas, sin ideología y sin mayor finalidad que conseguir reivindicaciones de corto plazo como el salario y alguna reincorporación. Ojo, también sacar de la pobreza a delegados y secretarios que con el tiempo parecen estar más cerca de la patronal que del puesto de trabajo…quizás es hora de sacarlos a ellos.

No puede ser la aspiración de la clase explotada que su expoliación sea más cómoda, o con horas extras y wi fi, sino el fin del trabajo como elemento de tortura de quien detenta el capital en desmedro de quien no lo posee.