El 14 de Marzo, escribimos algunas palabras sobre lo que veíamos que pasaba en el mundo y cómo nos veríamos afectados con la llegada y propagación del nuevo coronavirus. Sólo unos días antes el presidente, Alberto Fernández, en una entrevista radial decía que “es un virus absolutamente tratable con un índice de letalidad bastante bajo, muy bajo” y refiriéndose a la primera muerte en el país dijo que “era una persona que tenía, evidentemente, una serie de enfermedades previas”. No había tratamientos efectivos en ese momento ni data suficiente como para hacer una afirmación de ese tipo, el índice de letalidad distaba de ser bajo pero eso no freno al mandatario de trivializar la muerte de una persona como si hubiese sido un hecho inevitable, sentando el ejemplo para los que vendrían.

En tiempos de grietas y polarización, donde hasta la más mínima de las posiciones tiene que pertenecer a algún bando, la pandemia dejó al desnudo lo miserable de la política y las identidades tribales. Que hoy quien ocupe el sillón de Rivadavia sea un peronista y no un macrista presupone esta farsa donde a unos/as les preocupa la salud y a los/as otros/as sólo les interesa la economía. Si la realidad fuese diferente y Macri estuviese en el gobierno quizás serían los kirchneristas quienes estuviesen difundiendo noticias falsas y teorías conspirativas para así lograr amasar poder político, como han hecho en el pasado.

Es así que en un primer momento la oposición criticaba la postura del gobierno de restarle importancia a una pandemia en ciernes para luego súbitamente cambiar los roles, este cambio no fue una sorpresa, ambos sectores están atravesados por la práctica política donde los discursos se piensan en función de su efectividad para lograr apoyos que puedan mantenerlos en sus lugares de poder. Realmente no importan las personas sino lo que se puede lograr con el apoyo de cierto número de personas, esto no significa que las motivaciones de los políticos sean morales. No es una cuestión de que sean malos o buenos, sino que el poder político tiene diferentes aristas y en su trabajo de mantenerlas en equilibrio disponen de la vida y las necesidades humanas según lo que convenga para su permanencia en el Estado.

La historia que sigue es conocida y en los meses siguientes hablamos un poco más en profundidad sobre la pandemia y la absurda idea de buscar la inmunidad de grupo dejándola correr libre. Los movimientos anti-vacunas aprovecharon la situación para promover todo tipo de teorías conspirativas, incluso que se contradecían entre sí, los movimientos nacionalistas (algunos con z en ves de c) se sumaron y organizaron movilizaciones, los amantes de la república buscaron las formas de poder encausar el ánimo de las protestas a sus consignas y el Estado hizo lo que el Estado hace e intento controlar comportamientos humanos por medio de la ley y el orden.

Se fue reduciendo la manía de los escritos filosóficos de izquierda y los sueños húmedos de los pastores del Apocalipsis sobre el nuevo rol del Estado y el control social, si bien de vez en cuando alguno se despierta con ganas de vomitar sus fantasías sobre algún teclado. Y aunque se quiera jugar al victimismo de ser una voz disidente los medios de información “no alternativos” escribieron sobre la relación de la pandemia (y futuras pandemias) con el avance de la frontera agrícola, los procesos de zoonosis en granjas industriales y el cambio climático. ¿Ganamos?… Como si algo de esto hiciera alguna diferencia.

“Ahora hay esa cháchara de la segunda ola. Hay que enfrentarla si la hay, porque si la economía se hunde seremos un país de miserables” Jair Bolsonaro

También en estos meses personas cercanas han enfermado, muerto y algunas de las que se recuperaron no sienten haber superado la enfermedad y nadie sabe realmente qué secuelas podrían tener en el largo plazo. Porque esta es una enfermedad nueva, no estuvo la cantidad de años que otras donde se pueden documentar los efectos en el tiempo y se ve la permanencia de muchos virus a lo largo de la vida y cómo pueden afectar el cuerpo. En el caso de la Covid-19 que aparezcan efectos adversos en algunos años es posible, no lo sabemos, porque no sabemos lo que no sabemos.

Pero algo que se mantuvo constante este tiempo es la propagación de malos argumentos, de medias verdades y de falsedades que sobrepasan el absurdo por parte de sectores que buscan aportar su cuota de autoridad en el devenir político. Porque la intención de tratar de minimizar la situación que se vive o de mentir y decir que la realidad no es real, porque alguna ficción es más interesante o reconfortante, es parte del juego político de conseguir apoyo y seguidores. Pero hay que tener claro que si bien cualquiera puede inventarse una historia sobre lo que le gustaría o cree que pasa en el mundo, muchas de estas historias no son solo inventos inocentes de personas “preocupadas” por la situación actual, son identidades políticas que buscan capitalizar estos apoyos para sus propios movimientos, ya sean estos religiosos, de izquierda, de derecha o “anarquistas” (las comillas son nuestras).

Los ejemplos son claros, pero están disfrazados detrás de las dinámicas de las redes y los medios de información. Alguien puede repetir una idea porque la vio en el titular de una noticia, en un meme o en un video en redes sociales, pero la “idea” original no viene de esa gente. Es de esta forma que lo que comienza un neonazi en algún lugar del mundo después lo repite un “anarquista” (las comillas que se las queden).

Claros ejemplos de desinformación son los dos grupos mediáticos que se han visibilizado en este tiempo, Médicos por la Verdad y Epidemiólogos Argentinos Metadisciplinarios (EAM). Referentes de ambos grupos se han paseado por los medios de comunicación y tienen una presencia muy grande en las redes sociales, hasta el momento no han dicho nada cierto, solo tiran ideas una atrás de la otra que apuntan a aquellos desprevenidos que sin entender de lo que hablan eligen creerles porque no son la “opinión oficial”. El problema de fondo en todo esto es que no se duda realmente, en vez de cuestionar se le da más valor a la opinión de un charlatan porque de antemano decidimos que esa es la historia que queremos creer. Eso no es “pensar por uno mismo”, es simplemente dejarse llevar por lo que uno siente en vez de pararse a tratar de entender un poco la complejidad del mundo. 

Porque realmente la idea de pensar por uno/a mismo/a es una idea que se promueve para empujar a las personas a creer cualquier cosa, sobre todo si esa cosa parece anti-sistema. No se puede pensar por uno/a mismo/a sin aprender a razonar correctamente, y esa es una actividad colectiva. Necesitamos de las otras personas para poder refutar o validar las ideas que tenemos, poder darnos cuenta cuando realmente no tenemos argumentos y solo se trata de una cuestión de Fé, y es vital que esas otras personas no sean parte de nuestras ya saturadas cámaras de eco. El ejercicio de escuchar, argumentar y poder darnos cuenta cuando nos equivocamos y así aprender es indispensable para poder hablar con responsabilidad de los temas que entendemos necesarios.

“[…] el sujeto ideal para un gobierno totalitario no es el nazi convencido ni el comunista convencido, sino el individuo para quien la distinción entre hechos y ficción (es decir, la realidad de la experiencia) y la distinción entre lo verdadero y lo falso (es decir, los estándares del pensamiento) han dejado de existir.” Hannah Arendt

Estos dos grupos que mencionamos tienen diferentes estrategias, y apuntan a públicos diferentes, pero trabajan siempre juntos. El primero podría decirse que es más agresivo en sus ideas religiosas, su cara más visible es Chinda Brandolino, una homeópata y médica legista que se hizo conocida durante el debate por la ley del aborto en el 2018. Pero que hace mucho tiempo es militante anti-vacunas y busca su lugarcito en la Política. Brandolino cree muchas cosas, no solo las que propone su religión sino las que consume de nombres reconocidos en el terreno de las teorías conspirativas. Dentro de estas plantea que la vacuna contra la Covid-19 podría modificar un gen que “está vinculado a la religiosidad de las personas”, que Soros exige la “legalización inmediata del aborto y monopolio de la energía” de manera que la gente pueda acceder a “solo las fuentes renovables de energía” (y no al saludable petróleo), que la vacuna “es la marca de la bestia” y muchas cosas más de ese estilo. Conspiración que sea popular en Facebook, Chinda la repite.

Otra figurita menos popular de una rama titulada Médicos por la Verdad Argentina plantea que lo que se quiere es “despoblar la patria para entregar el terreno exclusivamente libre de argentinos para el reino especial satánico que pretenden imponer en el mundo”, apoya a Donald Trump, tiene… serios problemas con los judíos y cree que hay “un plan absolutamente maligno, maldito y planificado de acuerdo a sociedades secretas que siguen a Lucifer”.

Pero hay una cara más simpática en Médicos por la Verdad que es Mariano Arriaga, él está convencido que “el amor va a transformar esto” y “que el mundo va a ser un mundo maravilloso” asegurando “que el cielo va a bajar en la tierra”. De esta forma cada uno puede elegir a quién mejor se ajuste a su personalidad para depositar su fe en sus palabras, porque claramente la mayoría de las personas consume información de estas personas después de ciertas capas que actúan como filtro para que sus ideas sean más digeribles.

Ahora ¿porque importa quiénes son estas personas?, bueno porque ninguna de estas personas presento nada más que opiniones, todas esas opiniones fueron refutadas una y otra vez. Pero muchas personas siguen sin preocuparse de qué tan confiables son las fuentes de donde consumen información o a qué intereses responden, con lo que se replican sus palabras y se difunden directa o indirectamente sus teorías. Hace algunos meses atrás una Revista Anarquista de otra parte del mundo escribió una nota donde juntaba todas las cositas que daban vuelta por internet en un solo escrito, hasta las cosas más ridículas (como que el Covid-19 se cura con té verde) y entre una lista de nombres que supuestamente denunciaban el cumulo de conspiraciones que mencionaba la nota, estaba el de Chinda Brandolino. Los otros nombres no eran mejores, y si bien la nota argumentaba que eran personas que salen del poder o están relativamente al margen, muchos de lo que se aducía que esas personas dijeron no lo habían dicho. Eran parte de diversas cadenas de noticias falsas, nombres en un papel que no significan nada pero buscan algo.

Un poco más cerca otros compañeros citaban un escrito de una cardióloga universitaria, counselor que practica “terapias cuánticas” perteneciente a EAM. Esta persona plantea que en vez de ponerse un barbijo hay que cuidarse “abrazando a un ser querido”, que es suficiente con escuchar “el susurro de tu sentido común, por encima de cualquier pantalla televisiva o periódico de noticias” y que quienes no lo entienden “tienen una mentalidad arcaica”. Por suerte la realidad es que en nuestra región la reproducción de estos discursos no ha calado tan hondo como en otros lugares y la solidaridad ha florecido por encima de esas practicas distractivas, ya sea intentando defenderse del avance del fuego, apoyando ocupaciones de tierra, sosteniendo la lucha anticarcelaria, manteniendo vivos los conflictos y las revueltas en varios países o tratando de compartir un plato de comida.

Entendemos que el capitalismo se vale cada vez más de la espiritualidad como práctica necesaria de alienación y que cada una de estas personas tiene una finalidad política y muchas veces económica. Sí, también entendemos que desde el advenimiento de Donald Trump el término fake news fue usado como munición contra quien pensara diferente (generalmente de parte de él). Este binarismo que atraviesa todo produce que en el afán de estar en contra de algo terminemos a favor de cualquier cosa, hecho que se profundiza porque no existe un interés real en los temas que se hablan. Mucho tiene que ver el círculo de la novedad y “de lo que hay que hablar”. Como de no poder comprender que varias cosas pueden ser verdad al mismo tiempo. 

El Estado se encuentra con limites propios a la hora de intentar controlar una Pandemia, sus necesidades politicas y económicas son también un limite para el cuidado necesario en una comunidad. Los gobiernos van a aprovechar cualquier situación para recuperar luchas o ganar espacios de poder. Las empresas se re-inventan o explotan nichos que puedan generarle mayores ganancias. De la misma forma cualquier vendedor de fantasías va a vender su pócima del momento para explotar la situación vulnerable en la que se encuentran las personas, otros van a buscar por medio de la mentira y la repetición conseguir apoyos que puedan traducirse en el futuro en victorias políticas. Y que por más numeritos con los que se quieran justificar para decir que esto es una gripezinha no lo es, no es un tema sencillo y no tiene soluciones simples. Todas estas cosas pueden pasar al mismo tiempo, no son contradictorias y habría que dejar de actuar como si lo fuesen.

En 1987 un biólogo publicó un paper donde decía que el HIV era benigno, esto acompañaba una idea popular de la época que negaba la existencia del virus o que si existía no era la “verdadera” causa del sida, algunos decían que era solo una neumonía pero las compañías farmacéuticas querían vender nuevas drogas, otros que en realidad era gripe porcina pero el gobierno no quería molestar a la industria de los cerdos. Este biólogo era un símbolo contra la ciencia oficial que paseaba por los medios conservadores difundiendo sus ideas, muy populares en ese terreno ya que él creía que la verdadera causa del sida era “un estilo de vida que era criminal hace veinte años”.

Parece ser que es más reconfortante pensar que toda la complejidad del mundo es solo la culpa de un grupo, no de una visión del mundo, no de un entramado de relaciones de poder, no dé una ideología o de la misma inercia de la historia. Durante la epidemia de HIV mientras este entramado de relaciones llevaba a asociar el sida con los hombres homosexuales principalmente y esto se trasladaba a la forma en que la ciencia oficial orientaba sus ensayos clínicos, donde no se incluía a otros sectores o no se tenían en cuenta problemáticas propias de las comunidades afectadas, los activistas decidieron estudiar la literatura medica y diseñar estudios clínicos que pudiesen ser más abarcativos. No se quedaron inventando o reproduciendo ideas que no tenían sustento, existía la urgencia de la responsabilidad.

Todo movimiento reaccionario está en tensión con la realidad, una tensión que eventualmente termina llevando a sistemas de creencias más extremos, donde la realidad se convierte en el enemigo, porque de fondo el problema no es la cantidad de evidencia que soporte sus argumentos, el problema es el poder, la necesidad de tener una cuota de seguridad dentro del caos.

Las mentiras que nos contamos son un artilugio para lograr cierta tranquilidad y cierta coherencia entre cómo nos vemos y como vemos al mundo, son, en definitiva, excusas. En el caso del covid son las formas de intentar justificar la muerte, es así que sabemos que muchas personas que murieron no iban a morir por las patologias previas como les gusta decir. Alguien que tenía diabetes, sobrepeso, un marcapaso, asma, o simplemente fumaba mucho no estaba destinado a morir de esa causa, pero sin embargo en el discurso que busca justificar todo se plantea que este coronavirus en realidad no tiene nada que ver, que se murieron porque se tenían que morir. Una forma retorcida de ver la vida.

La enfermedad no tiene un fin poético, tampoco la muerte, no ofrece ningún significado, ninguna conclusión satisfactoria. El único significado que tiene, el único sentido… es cómo respondemos. Deberíamos empezar a responder mejor.