Desde utilizar el avión presidencial para reuniones partidarias y recibimiento de premios falopa por el mundo entero hasta pegarle a un jubilado que reclama por mejorar su miserable situación en general, promocionar una estafa virtual o sacar una tajada de la venta de remedios para discapacidad, nos da una muestra de las acciones que el gobierno lleva adelante al mismo tiempo que ondea la bandera de la superioridad moral y estética. Encerrona en la que se mete solo, pero por no poder bancar la parada con la economía que día a día parece romperse más y que en principio era su fuerte: el crecimiento con o sin din…o dinero sin creci…o algo sin algo que al final es ninguna de las dos.
“La moral como política de Estado dice que no vamos a corrernos un centímetro de los valores judeocristianos. Nos acompañen o no. Si no lo hacen, nos volvemos a casa sin ningún problema.” Javier Gerardo Milei
“Qué sabrá de valores que, prestada, la vida le transpira olor a muerto.” José Larralde
Andá nomás fiera, nadie te detiene.
Cada sociedad, pueblo o agrupación de personas, se identifica con un conjunto de usos y costumbres que hacen a la vida diaria y permiten reconocerse parte de los mismos. El roce entre los distintos actores dentro de estos grupos va puliendo las formas de relacionarse entre los integrantes y generan un conjunto de valores, reconocidos y entendidos por todos, que permiten ordenar las decisiones de cada uno y reconocerse parte del mismo. Este conjunto de normas, valores y creencias, no son universales sino locales, ni están fijadas en el tiempo como algo inamovible e incluso son modificadas de acuerdo al contexto social. En definitiva, la moral, termina siendo como una guía interna e individual, pero al mismo tiempo colectiva que permite discernir entre ’el bien’ y ’el mal’, lo correcto y lo incorrecto, basado en ese sentido de pertenencia cultural localizado. Lo que resulta correcto en determinada zona, puede ser obra del mismísimo Satán (o el demonio que más les guste) en otra cuya cultura así lo indique.
Es más que claro que el presidente tiene y sostiene una moral que en principio tensiona con muchos de los valores tradicionales que rigen esta región. Por ejemplo, defenestrar la justicia social al mismo tiempo que se le dice héroe al empresario que evade impuestos, choca de frente con el discurso imperante hacia la sociedad (porque que los hubo, hay y habrá no cabe dudas) desde hace décadas. Hablar de libertad y solo relacionarlo con la capacidad económica (o que esta garantice esa supuesta libertad), sesga un discurso alrededor de su ideología, que impone reglas en la discusión y lo lleva a un plano cuasi religioso.
Continuamente escuchamos como se va construyendo un sistema de valores que coloca una supuesta moral en el centro de la discusión, dirimiendo el debate entre buenos y malos, el representante del maligno en la Tierra y las fuerzas del cielo, pero con una salvedad muy importante: Javier Gerardo no se posiciona como parte interesada en la discusión, sino que se erige como juez. Su voz, es considerada por él y su séquito como sabiduría absoluta (aunque acomode continuamente un discurso lleno de pavadas) y su palabra un mandamiento divino que todos deben obedecer e idolatrar, solo para acrecentar su megalomanía. La supuesta discusión política, no puede desarrollarse porque los argumentos deben encuadrarse solo dentro de esa moral –la buena- que sigue esa ideología –la correcta-; no se puede dar cabida a lo malo, a lo incorrecto, por lo que todo aquel que ose decir algo diferente, se convierte automáticamente en un hereje. El fanatismo pide pista en la región.
En las palabras que inician estos párrafos, deja bien en claro que, como su pensamiento es altamente dogmático, está dispuesto a morir con las botas puestas, en la suya, y si es necesario, irse a casa con tal de no dar el brazo a torcer sosteniendo sus máximas hasta el final. Pero resulta que esas máximas, ya cambiaron varias veces.
“La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario” Milton Friedman
Innumerable cantidad de veces escuchamos a su majestad Milei repetir esa frase adjudicada a Milton Friedman, al mismo tiempo que denostaba la maquinita de hacer guita del kirchnerismo, pero resulta que, en 2024, la base monetaria se amplió en 209%, principalmente para intervenir en el mercado cambiario y cumplir con pasivos; hasta agosto de 2025, ya llevaba emitidos más de 10 billones de pesos. Seguro fueron los kukas.
Frente a la nueva medición de la inflación mensual del INDEC, que diera 3,4% (con todas las salvedades del cambio en cómo se mide que no se realizó), el argumento del ejecutivo fue que “Está claro el efecto de Educación, la guerra y la carne. Superados esos efectos, la inflación va a caer” (¿Alberto, sos vo?), cambiando apenas (radicalmente) el discurso de las causas inflacionarias. Claro, se ve que, en la complejidad de un país, los absolutos, son solo estupideces para la tribuna y las focas aplaudidoras. Seguido a esto, proponen quitar la carne, las frutas y las verduras de la medición porque son estacionales en una muestra más, por lo menos, de falta de imaginación y lectura…o convencimiento absoluto. En el año 1979, José Alfredo Martínez de Hoz, propone el Índice Descarnado, quitando las carnes rojas de la medición del IPC (Índice de Precios al Consumidor), buscando reducir artificialmente la cifra y la percepción popular de la inflación. En ese año, la inflación fue de 95,7% con la medición tradicional y de 85,8% (…bajísima ¿?) con el índice descarnado. Fenómeno Barrial este también.
Por otro lado, decir que ‘Esto no es inflación estrictamente, es que pegó un salto el nivel de precios’, es al menos subestimar a la población porque es básicamente la definición de inflación. Pero ¿en qué se ampara para decir esto? Si de diez productos uno aumenta (la carne, por ejemplo) y los demás no, el IPC dará algo más alto, pero se entiende que no es un aumento generalizado de precios (inflación), sino algo puntual. Esto no es ni cerca lo que pasa: todos los precios aumentan y si no da más alto el índice es porque se utilizan promedios que aplanan estos números. Entonces, si aumentan los alimentos, pero bajan los autos de lujo, el promedio refleja algo así como un global de la economía, pero no lo que realmente le sucede a la mayoría de las personas y su heladera. Siguiendo el ejemplo, la carne aumento en 2025 cerca del 70% mientras que la inflación fue de 31,5% (con la salvedad en la medición).
Obviamente, todos estos indicadores son los que luego se utilizan para medir la pobreza; pobreza de la cual, según Milei, sacó como a 10, 11, 12, 15 millones de personas, pero al mismo tiempo, cae el consumo de leche y yerba. En estos dos años y pico de gestión, se registró un mínimo histórico en consumo de leche y lácteos igualando cifras de 1990; por su parte, solo en 2024, la yerba mostró una caída de cerca del 10%, recuperando valores de 2016. Cualquier laburante sabe que cuando el cinturón aprieta, relega la comida del medio día cambiándola por unos matecitos y come de noche (o viceversa), cuando se puede. Que caiga el consumo de yerba indica que hasta quizás ni eso pueda hacerse; por otro lado, no presenta ningún sustituto, aumentando el consumo de té o café, por ejemplo. El caso de la leche es aún peor: principalmente consumen leche los niños y niñas, y los adultos mayores. La caída en este sentido, además de inmoral, es trágica, aunque se ve que, en la moral del presidente y la política en general, chamuyar es un valor. Y de los grosos.
Otra máxima caída del pedestal es que el ajuste lo iba a pagar la casta. Para ser bien gráficos, podemos verlo en la evolución de salarios o dietas de senadores y jubilados desde diciembre de 2023 a la fecha. Para finales del 23, un senador cobraba aproximadamente $1.770.000 mientras que un jubilado de la mínima más el bono, percibía a razón de $160.000, unas once veces menos que el legislador ¿parece mucho? En la actualidad, cobran $11.600.000 y $450.000 respectivamente…casi 26 veces. Y ya que estamos, esta diferencia se puede ampliar hasta casi 39 veces si agregamos todos los adicionales en la dieta del senador. Nada más casta que un jubilado.
Así mismo, el combustible (y acá no le podemos echar la culpa a la guerra), por caso la nafta súper, pasó de $311 a 2000 y monedas, registrando una suba superior al 500%; la carne, tomando el cuadril como testigo, paso en promedio de $3500 a cerca de $22.000 concretando una suba de alrededor del 480%; el dólar, se encontraba alrededor de los $400, después de la devaluación del 118%, en los albores del gobierno actual, se estacionó en $780 para llegar hoy a alrededor los $1400, es decir, desde el final de A. Fernandez, un 240%, la mitad del aumento de los bienes; por otro lado, el aumento de los alquileres oscila entre el 400 y el 550 % según la Defensoría del Pueblo; por último, el salario mínimo aumentó de 156 mil pesos a unos 352 mil, registrando casi un 130% muy por debajo de la inflación real de los bienes. El RIPTE (Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables) indica que el salario bruto promedio para trabajadores registrados (“en blanco”) fue de $484.298,40 en diciembre de 2023 pasando a $1.836.177 a noviembre de 2025, arrojando un aumento del 380%. Ni en esta magia de los promedios (más que magia es brujería), el salario siguió a la inflación. Y esto es lo que más genera esa sensación de que algo no cierra con el discurso de la inflación baja. Pero, además, marca a las claras que las necesidades voraces de los capitalistas (de cualquier índole, ya sea industrial, financiero o político) las seguimos pagando entre todos los que conformamos la clase trabajadora. Somos, por lo tanto, LA CASTA.
“Los tomaron por recomendación mía. Yo le sugiero a todo el mundo que acceda a créditos hipotecarios porque considero que es una oportunidad única. En primer lugar, porque beneficia al país: el desarrollo del crédito hipotecario ha sido un motor de reactivación fundamental, incluso el más importante” “Además, es la mayor justicia social: ¿qué es más justo para alguien que tiene trabajo que tener su casa y no tener que esperar 40 años a ver si eventualmente puede ahorrar lo suficiente para pagarla cash?” “En cuanto a los chicos, no hay nada de ilegal ni mucho menos de inmoral. Encuentro realmente patético que se ponga esto como si se estuviera cometiendo algún delito” Luis ‘Toto’ Caputo
Es muy difícil contradecir al Messi de las finanzas en estas palabras. ¿Quién no querría comprarse una casa, su primera casita sin tenerla toda cash (con tono canchero)? ¿O la tercera en un country? Claro que el crédito reactiva la economía de una región, sobre todo si se utiliza para producir algo. Y acá se produjeron propietarios, algunos nuevos que no calificarían en ningún banco privado por ser su primer laburo y otros que ya nadaban en la abundancia que accedieron a los créditos gracias a que lo recomendó el ministro. Ninguno cuenta con un salario que admita la cantidad pedida. Los montos van desde los 145 mil dólares a los 350 mil (unos 510 millones de pesos) del director del Banco Central, pedidos y otorgados en tiempo record (a ningún hijo de vecino le tardan menos de tres meses en dar todas las vueltas) y con unas ventajas en guita e interés que los convierten en una verdadera ganga. ¡Pedite un crédito campeón!
Por otro lado, para acceder, y en esas condiciones, el Banco Nación modificó sus normas internas para permitir que ‘políticos designados’ los adquieran, incluso eliminando la cláusula de primera vivienda que le da muchísimo más sentido a un crédito hipotecario con tasa blanda (blandísima).
Esto también derriba una de sus máximas de ’todo con los privados y nada con el Estado’, porque parece que la guita no se discrimina según su procedencia; incluso su propio slogan de ’no hay plata’ y la idea de privatizar el Banco Nación ¿por qué no pidieron los créditos en la banca privada? De destruir el Central y dolarizar ya se bajó, no sin antes echarle la culpa a la gente.
Lo legal, en principio puede ser cuestionable, pero de su moral no cabe duda que estos muchachos la tienen clara. En medio de una crisis creciente, de salarios bajos y alimentos caros, donde se está discutiendo si con una mora de tres días ya se puede desalojar a un inquilino, lo importante es lanzarse sobre la torta y engullir todo lo posible antes que se acabe.
En medio de escándalos de corrupción por lo de la cripto moneda Libra, donde se cae de maduro que el presidente en persona es indispensable para la operación, el choreo en la Andis, donde aparece sindicada una tal Karina que se lleva el famoso 3% y un tendal de secuaces privados y estatales que muerden otro tanto, al vaciamiento del INTI, del PAMI y la quita de medicamentos mientras el ministro de salud, Lugones, se lamenta que debe soportar una carga muy grande por la cantidad de jubilados mayores de 80 años (maestro, la carga son ustedes), del servicio meteorológico nacional (parece joda, pero es realmente importante en un país con mucha extensión cuya primera economía como la agricultura depende de la lluvia).
En este mismo contexto, donde se celebra un superávit fiscal basado en recortar y en no garparle a nadie salvo al FMI (siempre alguien gana), vuelven a la carga con no asumir la emergencia en discapacidad dejando un tendal de familias en la lona ¿qué tan miserable se puede ser? Parece no haber límite. Mientras se plantea la problemática con marchas en las calles, el gobierno envía al congreso un proyecto de ley “Contra el Fraude de Pensiones por Invalidez” (no saben qué recortar ya), donde propone un re empadronamiento obligatorio para 1.200.000 beneficiarios, obligándolos a demostrar otra vez su discapacidad e imponiendo condiciones cada vez más desfavorables, como si ya no tuvieran suficientes problemas. Basta una muestra para entender: el haber pasa a ser un 70% del salario mínimo, quedando en $275.221 (¡una fortuna!) y se retira la actualización trimestral automática por IPC en un contexto inflacionario; además, quita beneficios a empresas que contraten personas con discapacidad y declara la incompatibilidad absoluta con el trabajo formal, es decir, si se cobra la pensión, no se puede laburar en blanco y viceversa. Los miserables avanzan.
Debe ser que en la moral judeocristiana que defiende Milei, tirar a todos por la borda para hacer durar un poco más el naufragio, mientras se gobierna y legisla para los beneficiados de siempre, es mandato divino. Amén.
¡Ah!, y claro, MANUEL ADORNI. Fin.
¡Todo para todos! Si el hombre y la mujer realizan su justa parte del trabajo, tienen derecho a su justa parte de todo lo que se produce, y esa parte basta para garantizarles el bienestar. Basta ya de fórmulas vagas como “El derecho al trabajo” o “A cada uno el fruto íntegro de su trabajo”. Lo que proclamamos es el derecho al bienestar: ¡bienestar para todos!
Piotr Kropotkin, La conquista del pan.
Hacia una moral anarquista
En esta época, siempre se recuerda a los trabajadores de Chicago que se jugaron la vida no solo por conseguir mejores condiciones de trabajo sino por pugnar por todo lo existente. Y eso requiere también subvertir los valores, la moral de la democracia capitalista, depredadora del hombre y la mujer por otra que, hasta más sencilla, nos contemple a todos. En sus últimas palabras encontramos bastante de su pensamiento.
El rechazo a la justicia burguesa que solo buscaba, a través de ellos, disciplinar a toda la clase trabajadora, en un claro ejemplo de qué podría suceder si se alzaban o trataban de cambiar las cosas, fue una idea común a todos tanto como la fraternidad y esperanza para con los explotados a los que pertenecían.
Esas ideas sencillas que conforman a la moral anarquista, no son otras que la igualdad, la solidaridad y el apoyo mutuo, la acción directa y la libertad.
Igualdad principalmente en el punto de partida y en el acceso a lo material y al afecto, como proponía Bakunin, puesto que sin ello es muy difícil desarrollar una vida plena; no es lo mismo un niño que juega y se divierte que otro que esquiva misiles o revuelve basura con la necesidad de encontrar algo para comer. Además, para que haya igualdad no puede haber más jerarquías o autoridad que las que puede otorgar el conocimiento de un oficio o profesión, y no debe ser impuesta a nadie.
Una vez entendida la igualdad, la solidaridad y el apoyo mutuo son esenciales para la proliferación de cualquier sociedad, sin más que ejercerlos por el bien común, sin esperar recompensa material más que el fruto de la labor compartida. Sin competencia, ni ventajas para amigos de nadie. A diferencia de los valores imperantes de la democracia capitalista donde es lógico morir de hambre mientras se tira comida, o alguien se compra la tercera casa mientras otro teme que lo desalojen porque se atrasó unos días porque la guita no le alcanza, u otro que vive en la calle formando parte de la postal urbana diaria pasando desapercibido. Para todos, todo
La acción directa, para no mandar intermediarios a realizar lo que a uno le corresponde y lo que uno desea. La auto organización de los individuos y las comunidades es primordial para tomar el control de nuestras propias vidas, sin que nadie, desde un congreso o un sillón, dicte como debemos vivirlas.
Y la libertad, entre libres. La facultad de auto determinarse es medida por las relaciones con los demás. Si alguien puede hacer lo que se le antoja como viajar, comer en abundancia, atenderse en el mejor sanatorio mientras que los demás lo miran por la tele, de seguro no hablamos de libertad sino de privilegio que lo más probable es que haya sido obtenido explotando a los que no acceden. Luego, se lo heredan a sus hijos que obviamente, poseen un punto de partida acomodado proyectando la desigualdad al infinito, pero adjudicando perversamente su buen pasar a la mentalidad de rico y al mérito…al mérito de ser heredero. Mientras, quien nace pobre, solo heredará pobreza completando el ciclo nefasto del canibalismo moderno en el que vivimos.
Como siempre, no proponemos un qué hacer sino una serie de pensamientos y esperanzas que volcamos en estas palabras.
Es menester, ante las condiciones actuales de guerras en el mundo y de avance de esta derecha voraz, que parece, viene a retroceder todas las conquistas hasta la revolución francesa (o más), parar la pelota y encontrarse con los demás entendiendo que tenemos los mismos padecimientos y problemas: comer, habitar, viajar, vivir… en fin el capitalismo.