Si, teníamos razón. Comenzar una nota así puede resultar de lo más soberbio pero llevamos más de 150 años diciendo lo mismo: el problema son el Estado y el Capital.

No es, ni nunca será nuestra intención seguir el ritmo de la agenda mediática, pero lo acontecido con los famosos cuadernos es de tamaño tal que no podemos simplemente mirar a un costado. Que la política requiere del capital para sostenerse parece un secreto a voces que la justicia nunca escuchó y con estas supuestas pruebas no tuvo más remedio que prestar atención y ponerse el mameluco para ensuciarse en el fango que rodea estas transacciones irregulares, pero extremadamente normales a la hora de hablar de la obra pública. Y decimos que no tuvo más remedio porque obviamente no quería hacerlo.

Vemos que en esto de apuntarle al enemigo también resultaron heridos amigos de la casa como el primo del presidente, o empresarios de las más variadas empresas, históricas y nuevas contratistas del Estado. Esos datos son de fácil acceso por eso no valen la pena transcribirlos.

Pero lo llamativo es el revuelo que se armó en torno a la causa: que es mentira, que es verdad, que el chofer está loco, que robaron pero había trabajo, que se robaron tres PBI (como si supiéramos cuanto es un PBI), que es para tapar lo que pasa, que lo inventaron los medios, que la Patagonia está llena de bóvedas enterradas, que…

No hay forma de abordar esto desde una óptica única que todo lo responda porque se han dado todas ellas al mismo tiempo. Es cierto que los medios afines al gobierno actual (que antes eran amigotes de los otros) lo utilizan para darle leña a los ahora caídos en desgracia, pero es tan cierto como que engancharon a un tipo revoleando bolsos llenos de guita en un convento o algunos otros en la casa de la actual vicepresidente. También es cierto que el gobierno lo utiliza para tapar la deriva en el rumbo económico (porque no embocan una y ahí nadie, ningún experto nos tiene que explicar que laburamos más y alcanza menos), pero es tan real como el hecho que un soldado propio (Abal Medina) admita que recibió bolsos con efectivo, pero que obviamente, pobre, él no sabía. Y por último, que la Justicia parece avanzar contra todo lo que tenga pinta de opositor político a un ritmo vertiginoso (en comparación con otros casos, a la velocidad de la luz) y viciado por la participación de un impresentable como Bonadío, no quita el hecho de que en sus términos y con sus leyes (las del Estado), tenga que hacerlo. O sea, que los estén persiguiendo no significa que no hayan cometido el hecho que les imputan. Ellos, se prefieren mártires.

Día a día vemos acérrimos defensores de un lado y del otro, esgrimiendo argumentos que justifiquen de alguna manera su pensamiento (“robaron pero…” o “…bueno pero había que sacar a la yegua”) y nos preguntamos ¿lados de qué? Si de lo único que nosotros/as participamos es de la miseria; esa se reparte y hay para todos y todas: todes. El bienestar, el tiempo, la vida se la reparten entre ellos. Y ahora si ¿Quiénes son ellos?

Este caso, el de los cuadernos, nos muestra a las claras un maridaje entre el poder político y el económico, entre el Estado y el Capital mostrándonos que muchas veces se parecen demasiado a una sola cosa o que al menos uno sin el otro son bastante improbables, pero juntos… bueno, podríamos discutir el cómo, pero que la única salida a ellos es su destrucción, revolución mediante, sí es una certeza.

La historia de esta región nos está mostrando (y demostrando) que la política está ahí para hacer lo que el Capital requiera y éste está listo a pagar por eso. Al mismo tiempo vemos que los ideales (si alguna vez los tuvieron) se dejan de lado y los/as políticos/as de raza son reemplazados por empresarios/as macanudos/as y exitosos/as, ahorrando un paso en la cadena de pago. El empresario/político saca leyes a su medida y de su empresa. Al mismo tiempo, los políticos de carrera se han convertido en exitosos empresarios, de cuestionable enriquecimiento, lo que nos lleva a un nudo ¿Qué los distingue? ¿El orden en que abordaron sus ‘tareas’? Y es este hecho el que nos interesa y nos llama la atención del caso.

Si, son todos iguales.

De las diferentes cosas que generaron los cuadernos, dentro de las que más preocupan, se encuentra que haya laburantes que defiendan a empresarios/políticos de un lado u otro, y resalta además, que si bien no es por primera vez (podemos recordar rápidamente el caso IBM - Banco Nación o el de Skanska), se avanza contra empresarios y no sólo contra funcionarios, admitiendo que los dos son necesarios para desarrollar estos chanchullos y confirmando ese maridaje del que hablábamos. También fuimos testigos de las más diversas y coloridas defensas en la causa, desde ratas delatoras que no dudaron en señalar a quien mande el juez hasta aportantes militantes convencidos del proyecto que le pusieron el pecho y guardaron silencio; desde serviles laderos que se inmolan por su jefe/a (imaginamos que por una suma bastante grande de dinero) hasta quienes cambian una y otra vez de versión con tal de zafar.

Si nos detenemos a pensar un instante, podemos notar como el Capital siempre corrió donde podía conseguir más capital, sin importar nada en el medio, y vemos que de acuerdo a como se movió aparecen los casos de corrupción más espectaculares, por caso, algunos de ellos: en los ‘90 con las privatizaciones de empresas, en los 2000 con la obra pública (los cuadernos) y ahora con la bicicleta financiera. ¿Por qué querríamos una lluvia de inversiones que vienen con sus respectivos inversionistas? Jamás el Capital nos sirvió de algo más que para hacerlo crecer, que lo disfrute el dueño y quedarnos pagando la joda.

Como no falta imaginación, a la hora de generar instancias de explotación, fuimos convidados de piedra en un festín del que no probamos bocado: inventaron y crecieron empresas constructoras en días, que ganaban licitaciones millonarias pero que a diferencia de la llamada patria contratista, formada de familias tradicionales y con alcance nacional, se dieron más bien como feudos locales (el caso de Báez en Santa Cruz). Iniciar una empresa que gana contratos millonarios sin tener ninguna infraestructura o maquinaria o nada, puede ser producto de la mayor suerte de la historia (sobre todo si sos chofer de un presidente por ejemplo) o producto del poder económico que brinda manejar el poder político. Sino pensemos en esos políticos dueños de empresas aéreas, que sin tener un sólo avión ganaron contratos de rutas…pero cambiamos, eso ya no pasa… ¿o se perfeccionó?

En el mismo contexto, aparece la causa de los aportantes truchos a las campañas del gobierno actual, quien haya utilizado como latiguillo de campaña la honestidad por sobre todas las cosas. Pero en el curso de la investigación sale a la luz que ninguna campaña, la de ningún candidato, puede cerrar sus números, apareciendo siempre guita en negro que seguro salió del empresariado que después exige favores en compensación por el aporte o genera ruido económico si no se siente satisfecho en sus demandas. Y va cerrando el círculo.

La política en sí, nada tiene para perder cuando lo que pone en juego es el hambre y la desesperación ajena; y el/la desesperado/a cae una y otra vez en las redes que ésta teje pensando que encontrará una salida a su suerte, por ingenuidad o por conveniencia (no somos nadie para restarles voluntad a las personas). Y no hay que caer en acciones de grandes partidos políticos o grandes actos de corrupción. No; hablamos de tomar lista en una marcha a cambio de un plan social (cuando al controlado le va la vida en cobrar esos mangos) o disputar el control de una fotocopiadora en una facultad para utilizar los fondos en propaganda o sostén del partido mientras que al pibe que labura se lo convence de que eso es la revolución o al menos su parte en ella (vuelta a no restarle voluntad pero las buenas intenciones de uno/a no quitan las nefastas del otro) o simplemente se lo explota en nombre de la gesta revolucionaria.

Estamos en un período de batalla cultural donde nos quieren convencer que el tipo que revolea bolsos es peor que el que lava guita (mucha más que lo contenido en los bolsos y más rápido!), que como viste bien es mejor; o que una señora empresaria multimillonaria tiene algo que ver o conoce nuestra realidad, nuestros padecimientos sólo porque lo decía por cadena nacional. Que se pueden tejer puentes (o construirlos) para conciliar nuestras distintas realidades, queriendo convencernos de que ‘somos parte’, aunque nuestra tajada sea poco o nada. Todos estos, son ellos.

Políticos/as, empresarios/as, sindicalistas, comunicadores, todos/as entreverados e intercambiando funciones: vimos políticos que se hicieron empresarios y viceversa; sindicalistas que fundaron empresas de su propio rubro o manejan fortunas de las cajas de las obras sociales para sus negocios privados y que han accedido a cargos políticos. Todos bajo la protección de las fuerzas de seguridad que les brinda el Estado. Desde el amo hasta el perro guardián, todos necesarios para garantizar la explotación de *nosotros/as*… los/as que no tenemos más, que sacárnoslos de encima.