A días de cumplirse un año de haber ganado la elección presidencial, donde Alberto Fernández desplaza a Mauricio Macri del cargo, y habiendo surcado casi todo éste atravesado por la pandemia del Covid-19, nos encontramos con un panorama al menos tan alarmante como el de aquel momento desde lo social y económico… más el bicho. Podemos recordar, que, tras las PASO y la estruendosa caída de Mauricio en ellas, donde desencajado en una conferencia de prensa posterior reparte culpas de la situación sin asumir nada, como buen niño malcriado que siempre fue, y Miguel Ángel Pichetto (su compañero de fórmula) esgrimía una frase que sembró el terror en todos: ‘el presidente está en control’. En respuesta a todo esto el dólar se dispara de $49 a $61 en un día hundiéndonos un cachito más en el fondo… en el fondo, el del pozo y el monetario. 

Mientras, los sindicatos jugaban a ser ciudadanos de ley, y en nombre de la paz social dejaban que los salarios pierdan continuamente contra la inflación; o no se plantaban cuando se cambiaba, en nombre de una mejora, la fórmula jubilatoria y les comían un trimestre de aumento. No. Eran buenos ciudadanos y no podían permitir que en vísperas de elecciones donde sus líderes políticos podían hacerse una vez más del poder, se quedaran sin ‘la caja’ que significa administrar el Estado.

Por suerte para todos/as nosotros/as, ganó el peronismo (otra vez) y volvió mejor, humilde y progresista, y ya notamos los sustanciales cambios, mejoras y avances en nuestras vidas. ¡Menos mal! 

Si bien entendemos que la pandemia todo lo tergiversó, se han cometido una serie de ‘errores’ no forzados y otros muy forzados que nos llevan otra vez a estar pendientes de las decisiones y designios del FMI… que también volvió mejor, más bueno ¿No Mauricio?

El primero de estos errores es el intento de expropiación de Vicentin, que logró unir a todos los detractores, por lo menos, en pensar que estaba mal hecho. Desde la oposición más férrea, a los apoyos críticos desde el interior de la coalición gobernante (recordemos que el Frente de Todos es eso, un rejunte), se encargaron de hacerle notar a Alberto, que estaba en cualquiera, ya sea por el solo hecho de pensar siquiera en meterse con la propiedad privada (ya volveremos a esto) hasta por el hecho de no ir a fondo de entrada con la medida. Para el final de la novela, tenemos al gobierno reculando en chancletas y la justicia otorgando beneficios a los mismos que vaciaron la empresa. Redondito. Gana la banca.

En el medio, se juega fuerte con la grieta y comienza la pelea de los que están a favor y en contra de la cuarentena fogoneada desde los medios amigos y los otros, los del eje del mal, los hegemónicos. Y paremos la pelota en esto un minuto: que los medios, desde hace rato, generan sentido e impulsan determinadas cuestiones ya sean morales, ideológicas o políticas, responden principalmente a que son grupos económicos con intereses determinados y también a los intereses determinados de sus dueños. Esto no quita que dentro de ellos haya periodismo independiente, pero sí se entiende que la línea editorial estará sesgada por estos intereses más allá de lo grande o chico del grupo económico. Es una empresa, busca ganancias. El resto es lo que las personas pretenden detrás la información vendida, que, por lo general, suele ser confirmar lo que ya pensaba antes de prender la tele.

Dicho esto, encontramos el segundo error: pisar el palito. Habiéndose mostrado más dialoguista que Cristina, y logrado más o menos consenso con la oposición, Alberto, poco a poco comienza a utilizar las conferencias donde informara sobre el covid para responder a los medios críticos de su gestión, acompañado de un Axel (el nuevo ojitos de cielo) que no le sale decir otra cosa que la culpa es de Clarín, mientras Horacio, con paciencia de monje capitaliza los errores ajenos. Mientras el enemigo se equivoca hay que dejarlo seguir. Y eso hizo.

Odiamos runners y médicos por igual, solo depende del canal que se mire. Alguien tiene que cargar la culpa de lo que nos pasa. Se cuentan muertos: mal y cada vez más. Sin exclusividad de signo político, desde la vasta y precaria provincia de Buenos Aires hasta la sofisticada Ciudad de Buenos Aires. Todos juegan a que saben que no hay recetas para enfrentar la crisis sanitaria, pero que seguro lo que hace el de la vereda de enfrente está mal. Miseria… y más muertos.

Mientras tanto, Martín Guzmán, ministro de economía (heterodoxo se dice) lleva adelante una negociación durante meses, donde comienza con decir que la primera oferta es la final por que Argentina no puede y su gente no va a pagar y bla bla para luego ofertar otras tantas veces porque los bonistas no aceptaban. Hasta que lo hacen. En ese transcurso, en plena pandemia, crisis laboral, salarial y sanitaria, seguían pagando miles de millones de dólares solo en intereses de deuda para enviar un mensaje a los tenedores de bono: Argentina siempre paga.

Algunos/as dirán que la negociación fue buena y mejor su resultado; otros/as, que no tanto. Pero solo una cosa es segura: invitamos nosotros/as.

En el medio comienzan marchas opositoras (claramente convocadas por la oposición que de alguna manera piensa que es mejor no asumirla… política) con consignas variopintas y para todos los gustos, apilando a sectores e individualidades que nada tienen que ver, pero siempre están presentes la libertad, la república y Bill Gates.

Otro error no forzado fue largar en medio del quilombo una reforma judicial a medias y otra ‘cosa’ (que a nadie le importa) para los jueces Bruglia, Bertuzzi y… el otro tipo, que nadie juna (se llama Castelli, pero no importa, lo importante es estar a favor o en contra de él). Más marchas con banderitas. 

Comienzan de a poco a mermar las reservas y se empieza a hablar de descoordinación en la cartera de hacienda: pifie. Los tironeos entre Martín (el niño prodigio) y Miguel Angel Pesce, presidente del Central, se plasman en una semana para el olvido y que opaca lo conseguido ante los bonistas: primero Guzmán dice que no va a haber más restricciones al dólar para luego, Miguel Ángel, agregar otro impuesto, al llamado PAIS. En conclusión, comprar dólares se encarece y eso patea a los 28 dólares paralelos para arriba. En la nota Dólares tratamos de entender un poco más porqué. Resultado: aumenta todo por las dudas; inflación. Más marchas por la república.

Mediante una batería de medidas, se busca controlar ‘la lechuga’, que parece no tener techo y nunca nadie pudo domarlo. La idea de Guzmán era la de dejar ir a los que con Macri (como si no lo hicieran con el peronismo o cualquiera) vinieron a hacer el llamado carry trade, la famosa bicicleta financiera que consistía en traer unos dólares, comprar unos bonos en pesos (las LeBac y las LeLiq… y ahora sacaron Bonos del Tesoro) y luego volver al dólar con intereses y rajar antes que sea tarde. Esa huida de la Argentina se refleja en la merma de las reservas del Central. Otro argumento para justificar la baja de éstas, es que durante los últimos cuatro años (¿somos nosotros o suena a ‘la herencia recibida’?) las empresas se endeudaron en dólares y hubo que salir a cubrir ese agujero. 

Por otro lado, ofrecen a los agroexportadores una baja de unos puntos en las retenciones para que liquiden los granos y entren dólares frescos. Esto, que venía siendo charlado con el sector, terminó por no funcionar del todo ya que viendo que se podía hacer recular al gobierno, comienzan a correrle el arco con cada concesión. Cede un poco, se plantan y le piden más, obviamente los sectores que pueden, esos que venían a combatir. El mercado somos todos/as…

En medio, se comienza a secar la plaza, es decir, quitar dinero circulante, una decisión bastante ortodoxa económicamente hablando y a aumentar un poquito las reservas. No importó. El verde se fue a $195.

Lo cierto, es que el efecto mariposa (en esta región, si una mariposa aletea en Japón, se dispara el dólar) nos pega una paliza cada vez que puede y siempre nos rompe el bolsillo.

Pero acá tampoco hay que pecar de inocente: hubo también una corrida contra el peso, que tiene quizás la evidencia más grande en boca de Paolo Rocca (CEO de Techint entre otras) quien luego de reunirse con Mauricio Macri, Alberto Fernández y Martín Guzmán, en más o menos una semana, dice tranquilo como si no pasara nada, que el dólar está barato, pidiendo a viva voz una devaluación. Total… invitamos nosotros/as. Marcha, pero ésta en apoyo.

El ministro de economía presenta al congreso el presupuesto 2021 donde se ve una baja en partidas para gasto social, lo que implica que se corta el IFE, los ATP y algo más, que después vimos, se trataba de cambiar la fórmula del cálculo jubilatorio a la baja y que fue anunciado tarde a la noche tras la cortina de humo de la discusión de las leyes por la despenalización del aborto (con el argumento de promesa de campaña) y de la marihuana, lo que da a entender que es un gesto de bienvenida a la misión del FMI, aunque todavía no pidieron nada. Y decimos a la baja porque se ajusta en parte por paritarias, y por caso, los estatales consiguieron la enorme suma de un 7 %. ¡Un momento! Seamos justos, que al final, en una conferencia de prensa les aumentaron como un 5 % por decreto ¿Qué harán ahora los abuelos con tanta guita?… ¿cómo harán los propios ahora para justificar que se metieron con los viejos? Más tarde, el propio bloque de senadores oficialistas publica una carta que le mandaron al fondo donde piden y dicen todo lo contrario a lo que plantea Guzmán. Política con fuego amigo.

A todo esto, la oposición y los detractores, a la altura de las circunstancias, agitan todos los fantasmas que pueden: desde no existe el virus o lo trajo Cristina, pasando por *“Somos mirados por la sociedad como la posible sustitución de este gobierno en 2021”*en boca de Pato Bullrich, “no habrá elecciones el año que viene” y “puede haber un golpe” de El Cabezón Duhalde, que no negamos que sea un animal político y a alguien conozca (de hecho, estar atentos no estaría mal), pero remata con un “tuve un comportamiento psicótico” que pone todo en duda, debates estúpidos y sin sentido en las cámaras del Congreso (ah no, esto no es nuevo) dónde ganan la chicana y las peleas personales solo para que la tribuna, de un lado y otro aplaudan como focas, sin atender la emergencia, confirmando la inutilidad e intencionalidad que siempre le atribuimos al Estado en todas sus facetas. A todo esto, sigue sin salir la ley de emergencia del impuesto extraordinario a las grandes fortunas (de hecho, uno de los debates fue si era impuesto o aporte) que nos iba a salvar de la pandemia y con tanta pompa levantaron desde el oficialismo más duro pero que no consiguen imponer y no es casualidad.

Al comienzo del mandato, Alberto se encargó de tirarle algunos centros al establishment local (¿no Héctor?) como símbolo de paz y como pidiendo que no le pateen en contra, cosa que molestó a esta ala dura de la coalición (sí esa, la que sigue hablando de la oligarquía terrateniente desde Puerto Madero). Luego de la propuesta del impuesto y lo de Vicentin, el favor del círculo rojo fue quedando de lado para luego tornarse en ofensiva. ¿Qué los termina de convencer de pasar a la ofensiva? La suma de pifies como no controlar a los periféricos que ningún favor hacen cuando hablan y se mueven, y el retroceso constante de medidas que se anuncian y luego no se pueden sostener, en lo que algunos, incluso de la interna, llaman Plan Arrugar

Si bien no se puede achacarle a Fernández los movimientos de un segunda o tercera línea como Grabois, por ejemplo, que ni siquiera es funcionario pero que no niega los vínculos y simpatías, sí que vuelve a pisar el palito entrando en el juego de los medios y los gestos, mandando a funcionarios nacionales al conflicto, que, si se mandaron por su cuenta, el problema sería ya de comando. Un conflicto de una familia rica y de miserables, nos exige decidir por uno de los hermanos, pasando a ser uno (Luis Etchevehere ex funcionario de Macri) republicano defensor de la propiedad privada y la otra (Dolores Etchevehere) la revolucionaria que le da tierra al que la trabaja. Por obvios intereses, se impone en los medios que el gobierno, ahora sí, va por la propiedad privada y se ve al final de la saga como asoma el fantasma Venezuela, pero lo cierto es que en palabras de Victoria Donda (una de las funcionarias nacionales que estuvo en la estancia), nada más lejos que poner en riesgo la propiedad: *“Quienes apoyamos a Dolores estamos defendiendo la propiedad privada de una mujer que ha sido privada sistemáticamente y por medios violentos y fraudulentos de su propiedad privada”.* 

Surcando todo el culebrón, como si fuera a propósito, se plantea el conflicto habitacional a través de la toma de Guernica (que se lo ve como símbolo aunque hay más en provincia de Buenos Aires; de hecho los hay todo el tiempo y con todos los gobiernos) que termina demostrando que nada más lejos de la reforma agraria, la entrega de terrenos y la patria es el otro que un desalojo a los corchazos solo porque lo ‘ordenó la justicia’, en un intento por no perder la simpatía de una opinión pública que ya no se deshace en halagos y contentar a los dueños de la tierra que ante una recuperación, solo se contenta con sangre y disciplinamiento. Y vuelta a lo mismo: se le pega tanto por derecha como por izquierda. La realidad es que nada les importa si se tiene un techo o un cachito de terreno donde caerse muerto, porque conociendo la cantidad ínfima (que detallamos en la nota Tierras) que le representa al Estado podría saldarlo solo con voluntad política. Y he ahí el problema. Repartir terrenos haría saltar a muchos sectores enojados que se vería reflejado en una merma en el caudal de votos, y si hay una máxima en la política es la de sobrevivir en el poder, por lo que las necesidades de los demás nada importan. Y hablando de política, puede que, como el año que viene hay elecciones, se estén guardando cartuchos para encarar la gesta proselitista, sabiendo que en marzo hay liquidación de divisas por venta de granos y que, en palabras de Alberto, están esperando con la obra pública para encararla el año que viene, en lo que algunos llamaron Plan Aguantar. Pero el hambre y las necesidades de hoy se van a saldar con un bono de $9000 en diciembre, para menos personas de las que abarca el IFE. ¿Irán este año los movimientos sociales a pincharla a la puerta de un supermercado?

¿Se acuerda alguien que la gorra se le plantó al ‘chiquito’ en la provincia y salió papá Alberto a defenderlo por la tele? ¿Y que mientras aprovechó y le sacó plata a Larreta en CABA en plena pandemia? ¿Y qué Berni quedó mal parado ante la fuerza que lo ningunea y le hace la venia a Pato? ¡Qué año!

Horacio, ni lento ni perezoso, acudió a la justicia por los fondos que le sacara Alberto, y obviamente, lo comenzó a utilizar políticamente: en el presupuesto 2021, habla directamente de ajuste, que sería un suicidio político para cualquiera (suelen usar eufemismos como bajar el gasto, eficiencia del gasto, reordenamiento, y basuras en ese estilo), pero que en el contexto es más usado como ‘me obligó a ajustar’. ¿Cómo sale? Recortando gastos y con más impuestos, obviamente (a los gastos con tarjeta de crédito)… que, si los pone la oposición al gobierno nacional, parece que está bien.

En resumen, se pagan millones en intereses de deuda, se toman medidas pro mercado, se cambia la fórmula jubilatoria en desmedro de los viejos, se desaloja y reprime en defensa de la propiedad privada, se bajan las retenciones al agro, se fomenta la minería, se cierran paritarias a la baja, aumentan los combustibles, sigue la inflación altísima y ya sabemos que en enero aumentan los servicios, los sindicatos brillan por su ausencia… Mauricio ¿so vo?