“En tiempo de elecciones, es tiempo de andar a destiempo”, decía una vieja tapa del periódico ¡Libertad! Sin embargo, no parece ser la norma de la Política en general. Es más, pura coincidencia (o no), la lógica dentro del contexto de pre elecciones parece ser más una carrera que tranquilamente podría estar enmarcada en el calendario de los Juegos Olímpicos que se están desarrollando en Tokio. Hace algunos días cerraron las listas de los frentes electoraleros; y desde ese mismo día la agenda mediática (y política) parece armarse de acuerdo a sus vaivenes.

En momentos de efervescencia electoral (al menos en ese micro-mundo que son los partidos políticos y sus ocasionales alianzas) es cuando los/as políticos/as y sus secuaces mediáticos ponen en juego todas las poses posibles por sentirse, y hacernos sentir que son seres inmaculados, impolutos, rectos. Pero sobre todo, científicos sociales con un sinfín de soluciones micro y macro de los problemas que, vaya paradoja, día a día se encargan de profundizar.

Desmentir a la Política lo podríamos hacer meramente desde lo ideológico (nuestra posición como anarquistas es clara y precisa al respecto), pero los números generalmente son más elocuentes para hacerlo. Según datos oficiales, en el segundo semestre del 2020 la pobreza en Argentina fue del 57,7% entre menores de 15 años, 49,2% en personas de 15 a 29, de 37% en el segmento 3064 años y de 12% en mayores de 65 años. La región con mayor incidencia de la pobreza fue Gran Buenos Aires con el 44%. El 42% de los hogares en Argentina están por debajo de la línea de pobreza (hoy, para no ser pobre se debería cobrar más de $62500) y la indigencia está cerca del 11%.

El dato más relevante es el aumento del subempleo inestable (changas, trabajos temporarios, planes sociales) que trepó del 9,7% en 2010 al 20,7% en 2019. Todo sumido en un contexto de fuerte y constante inflación mensual, economía débil e influenciada directamente por la fluctuación del dólar y depreciación de la moneda nacional, etc.

Sí, ya sabemos que estamos en pandemia, pero los índices históricos tampoco distan demasiado. Con sólo mirar y analizar la historia política y económica en Argentina, podemos constatar que el problema es estructural. Que no es una cuestión de formas, sino de fondo. Que evidentemente la raíz del problema es el paradigma. Que la solución no son los parches, sino la incisión lisa y llana.

Se vienen meses de discursos vacíos, debates acalorados pero sordos, promesas y más promesas en ese gran circo que es la Política.